Pastoral de misericordia

Tres pequeñas perlas como aportación «para hacer que la Misericordia sea más pastoral, es decir accesible, tangible, posible de encontrar»: es el regalo que el Papa Francisco ha hecho a los prelados recientemente nombrados y que participan en los cursos de formación organizados por las Congregaciones para los obispos y para las Iglesias orientale.

Al recibirles en audiencia en el Vaticano el viernes 16 de septiembre, por la mañana, el Pontífice ha propuesto una amplia y articulada reflexión que inicia con una paterna invitación a redescubrir cada día la belleza de la vocación, en particular la primera llamada, lo que Francisco define con una imagen que evoca particularmente «la emoción de haber sido amados de antemano» por Dios. Quien, les explicó, «os ha “pescado” con el anzuelo de su sorprendente misericordia. Sus redes se han ido estrechando misteriosamente y no habéis podido hacer más que dejaros capturar». Por lo demás, añadió el Papa, «no sois los primeros en haber sido visitados por tal emoción». Lo experimentaron también Moisés, Natanael, la Samaritana, los Apóstoles y también los fariseos. Pero en este último caso tuvo lugar «cuando fueron desenmascarados por el Señor que conocía sus pensamientos pretenciosos y blasfemos. Que Dios os libre —advirtió al respecto— de quitar importancia a ese estremecimiento, de domesticarlo y vaciarlo de su poder “desestabilizador”». Una invitación, por lo tanto, a no detenerse “a mitad de camino” y a dejarse “desestabilizar”, ya que —indicó el Pontífice actualizando el discurso— «hoy muchos se enmascaran y se esconden. Les gusta construir personajes e inventar perfiles. Se hacen esclavos de los míseros recursos que recogen y a los cuales se apegan como si bastasen para comprarse el amor que no tiene precio. No soportan la emoción de saberse conocidos por Alguien que no desprecia nuestro poco, no reprocha nuestra debilidad y no se escandaliza de nuestras llagas».

Al respecto el Papa indicó en el jubileo una ocasión propicia para madurar el sentido de pertenencia a la Iglesia por parte de los obispos: «el único tesoro que os pido que no dejéis herrumbrar en vosotros —dijo— es la certeza de que no estáis abandonados a vuestras propias fuerzas». Pero el Año santo, continuó, debe constituir también un estímulo para «hacer pastoral» la misericordia de Dios en las diócesis. Es necesario, y es este el deseo de Francisco, que ella «forme e informe las estructuras pastorales de nuestras Iglesias. No se trata de disminuir las exigencias o vender a bajo precio nuestras perlas. Es más, la única condición que la perla preciosa pone a aquellos que la encuentran es la de no poder reclamar menos que el todo». Y para hacer esto Francisco ha recomendado a los nuevos obispos que cultiven ante todo la capacidad «de cautivar y atraer». Pero inmediatamente aclaró que «no se trata, sin embargo, de atraer a sí mismos». Es más, «esto es un peligro», ya que «el mundo está cansado de cautivadores mentirosos» y «de curas “a la moda” o de obispos “a la moda”». Porque «la gente “olfatea” –y se aleja cuando reconoce a los narcisistas, los manipuladores, los defensores de las causas propias, los divulgadores de vanas cruzadas».

Por último, el Papa habló de otras dos recomendaciones para los pastores: la primera se refiere a la «iniciación» a la fe del rebaño que se les confía —recordando que nadie está perdido y exhortando a los seminarios para que consideren más la calidad que la cantidad— y la segunda al «acompañamiento» del clero y de las familias. Con la consigna conclusiva de evitar «un cierto reumatismo del alma» que a menudo «impide inclinarse» sobre los sufrimientos de las personas.

Fuente: L’Osservatore Romano

En el corazón del jubileo

Se esperan más de cien mil fieles en la plaza de San Pedro el domingo 4 de septiembre, por la mañana, para la canonización de la Madre Teresa de Calcuta. La celebración presidida por el Papa Francisco la seguirán seiscientos periodistas de todo el mundo y ciento veinticinco corresponsales de televisión, lo que confirma la atención que también a nivel mediático se reserva a este acontecimiento, uno de los momentos centrales del Año de la misericordia.

Detalles e informaciones sobre la ceremonia fueron presentado el viernes 2 en la Sala de prensa de la Santa Sede. Como ha informado el director Greg Burke, la cobertura por parte de los medios de comunicación vaticanos se asegurará al máximo nivel. La crónica de la transmisión en directo se ha encomendado a Radio Vaticano, que la transmitirá en las seis lenguas tradicionales, además del albanés. Lo mismo sucederá el lunes 5 de septiembre, por la mañana, cuando el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, celebrará en la plaza de San Pedro la misa de acción de gracias, con ocasión de la primera memoria litúrgica de la religiosa. La Secretaría para la comunicación, además, realizará, en colaboración conmc360Photo, el proyecto «Yo estuve allí», una foto panorámica de altísima resolución de la plaza, que permitirá hacer zoom sobre el rostro de cada participante.

En lo referido a la cobertura televisiva, el director del Centro televisivo vaticano, Stefano D’Agostini, ha explicado que la transmisión se realizará en 4k ultra-hd, que es también el moderno standard para archivar el material. En la plaza se colocarán nueve cámaras, con tomas particulares también desde lo alto, para representar la dimensión de la multitud reunida en el perímetro de la columnata de Bernini. Las imágenes serán distribuidas en Mundovisión, y también América y Asia tendrán un feeden alta definición. Cerca de 120 los canales de televisión conectados en todo el mundo.

En la presentación han intervenido también la hermana Mary Prema Pierick, superiora general de las Misioneras de la Caridad, Marcilio Haddad Andrino, cuya curación de una grave forma de hidrocefalia por intercesión de la Madre Teresa ha sido determinante para la canonización, y el padre Brian Kolodiejchuk, superior general de los Misioneros de la Caridad y postulador de la causa.

Fuente: L’Osservatore Romano

Memoria y silencio

Durante largos minutos, en un silencio lleno de oración, el Papa Francisco se detuvo en el lugar símbolo de la enorme tragedia de la Shoah. En Auschwitz y en Birkenau, donde hace menos de setenta años tuvo lugar la locura del odio del hombre contra el hombre, el Pontífice rindió homenaje a las víctimas de «tanta crueldad», como escribió en el libro de honor firmado en el campo de exterminio, acompañando su oración con una invocación a la «piedad» y al «perdón» del Señor.

El Papa eligió el silencio para hacer memoria de lo que permanece como una de las heridas más lacerantes y profundas en la historia de la humanidad. Su visita al campo de concentración nazi en Polonia, que abrió la jornada del viernes 29 de julio, fue una peregrinación triste de oración y de dolor. Solo, con paso lento, Francisco atravesó el portón de ingreso, pasando bajo la inscripción tristemente famosa «Arbeit macht frei». Luego permaneció durante más de un cuarto de hora sentado en silencioso recogimiento ante los lugares de prisión de los deportados. Besó uno de los patíbulos construidos en el campo, saludó a algunos supervivientes, apoyó la mano sobre el muro de la muerte, se detuvo en la celda donde fue encerrado el padre Maximiliano Kolbe, el franciscano conventual proclamado santo en 1982 por Juan Pablo II. A continuación, en el cercano campo de Birkenau, pasó junto a las lápidas grabadas en las 23 lenguas usadas por los prisioneros, escuchó el canto del salmo 130 entonado en hebreo por un rabino y saludó a un grupo de «justos entre las naciones».

Gestos más fuertes que mil palabras, en un clima de recogimiento y emoción que hizo casi de contrapeso al clima de alegría de la fiesta de acogida de los jóvenes de la JMJ, que tuvo lugar el jueves por la tarde en la gran explanada de Błonia, en Cracovia. Alrededor del Pontífice se reunieron cientos de miles de jóvenes de todo el mundo, comprometidos a vivir la «aventura de la misericordia» a la cual Francisco los ha llamado, invitándolos a no rendirse y a no tirar «la toalla antes de iniciar el partido». El Papa hizo un llamamiento sobre todo a evitar la tentación del «quietismo» y a trabajar para «construir puentes y derribar muros, cercos y alambradas».