Nuestras Misiones Toribianas en acción – Navidad 2017

Haciendo misión, en Huancavelica y Lima.

Posted by Misiones Toribianas on Wednesday, December 27, 2017

Posted by Misiones Toribianas on Saturday, December 30, 2017

La necesidad de una respuesta colectiva

«Actuar sin demora», libres «de presiones políticas y económicas, superando los intereses y comportamientos particularistas» en la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza. El Papa Francisco ha hecho un llamamiento sobre esta «grave responsabilidad ética y moral» a los participantes en la Cop22, la conferencia sobre el clima que está teniendo lugar en Marrakech del 7 al 18 de noviembre.

En un mensaje enviado al ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación del reino de Marruecos y presidente de la 22ª sesión de la Conferencia de los Estados parte en la Convención Marco de las Naciones Unidas, el Pontífice ha recordado cómo esta última se desarrolle «pocos días después de la entrada en vigor del acuerdo de París». Cuya adopción –observó– «representa una fuerte toma de conciencia sobre el hecho de que la adopción individual o nacional no es suficiente» mientras es necesaria «una respuesta colectiva responsable». Por otro lado, la aplicación del acuerdo parisino «refuerza la convicción» de que es necesario canalizar las inteligencias «para orientar a la tecnología, además de limitar nuestro poder» para poner a ambos «al servicio de un progreso más sano, más humano, más social y más integral».

En ese sentido la Cop22 «representa una etapa central» visto que el clima «incide sobre toda la humanidad, especialmente sobre los más pobres y sobre las generaciones futuras, que representan el elemento más vulnerable del preocupante impacto de los cambios». Por lo demás, hizo notar el Papa, «la actual situación de degrado ambiental, fuertemente relacionado» con el «humano, ético y social, que desgraciadamente experimentan cotidianamente, cuestiona a todos, cada uno con sus propios roles y competencias» y exige por ello «un renovado sentido de conciencia y responsabilidad».

Expresando el deseo de que los trabajos de Marrakech «estén animados por el mismo espíritu colaborativo y de iniciativa manifestado durante la cop21», el Pontífice ha destacado cómo los temas de la agenda no puedan «ser delegados unicamente a un diálogo técnico, sino que precisan un continuo apoyo político». También porque dicho apoyo estimula «a promover estrategias de desarrollo basadas en una calidad ambiental que podríamos definir solidaria, respecto a las poblaciones más vulnerables», teniendo en cuenta «los fuertes vínculos existentes entre la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza».

Por consiguiente, advirtió Francisco, «no se puede limitar todo a una única dimensión económica y tecnológica». Y «es esencial y necesario tener en consideración los aspectos éticos y sociales del nuevo paradigma de desarrollo y progreso». De tal manera, «se entra en los fundamentales campos de la educación y de la promoción de estilos de vida –concluyó– orientados a favorecer modelos de producción y consumo sostenibles».

Fuente: L’Osservatore Romano

Una pequeña historia

Solidaridad con las mujeres y los menores víctimas de la trata y tirados desnudos por las calles

«Una pequeña historia, de ciudad», cuyos protagonistas son una mujer, un taxista y un refugiado descalzo, fue narrada por el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 26 de octubre en la plaza de San Pedro.

Continuando con las catequesis sobre las obras de misericordia, el Pontífice se detuvo en particular en «el acoger al extranjero y vestir a quien está desnudo» y a propósito narró un suceso sobre un refugiado sin zapatos que deseaba ir a San Pedro para pasar por la Puerta Santa, sobre la mujer apiadada por sus condiciones que decide pagarle un taxi y sobre el taxista que casi no quería que saliera. Un episodio con final feliz, visto que –explicó el Papa– durante el trayecto el migrante contó «su historia de dolor, de guerra, de hambre». Y así, prosiguió Francisco, cuando llegaron, y la mujer iba a pagar al taxista, este, «que al principio no quería que este migrante subiese porque olía mal», no quiso cobrar el importe del viaje por parte de la mujer: «No, señora, soy yo el que debe pagarle a usted porque me ha hecho escuchar una historia que me ha cambiado el corazón». Y la enseñanza que el Papa dedujo fue que «cuando nosotros hacemos algo parecido, al principio nos negamos porque nos produce algo de incomodidad, “pero si…huele mal…”». Pero «al final, la historia nos perfuma el alma y nos hace cambiar».

Por lo demás, el Papa hizo notar que, «en nuestros tiempos» la obra de misericordia que «concierne a los forasteros es más actual que nunca. La crisis económica, los conflictos armados y los cambios climáticos empujan a muchas personas a emigrar». Sin embargo, subrayó «las migraciones no son un fenómeno nuevo, sino que pertenecen a la historia de la humanidad». Por eso «es una falta de memoria histórica –fue su denuncia– pensar que sólo sean algo típico de estos años». El Papa hizo notar cómo «A lo largo de los siglos hemos sido testigos, al respecto, de grandes manifestaciones de solidaridad, aunque no han faltado tensiones sociales». Y también «hoy, el contexto de la crisis económica favorece, desgraciadamente, la aparición de actitudes de cerrazón y de no acogida», hasta tal punto que «En algunas partes del mundo surgen muros y barreras» mientras que «la obra silenciosa de muchos hombres y mujeres que se prodigan para ayudar y atender a los refugiados y a los migrantes» termina por ser «eclipsada por el ruido de otros que dan voz a un egoísmo instintivo. Pero –advirtió– la cerrazón no es una solución, es más, termina por favorecer los tráficos criminales. La única vía de solución es la de la solidaridad». Y recordó «la estupenda figura de Santa Francisca Cabrini, que dedicó su vida a los migrantes».

Respecto a la segunda obra «vestir a quien está desnudo», el Papa observó que ante todo significa «devolver la dignidad a quien la ha perdido» sea «dando vestidos a quien no tiene», sea pensando en las mujeres víctimas de la trata, tiradas por las calles, o en otras, demasiadas maneras de usar el cuerpo humano como mercancía, incluso de menores». Así como son «formas de desnudez también no tener un trabajo, una casa, un salario justo o ser discriminados por la raza, por la fe».

Fuente: L’Osservatore Romano

Invisibles y sin voz

Explotación, violencia y abusos son plagas aberrantes que queman el futuro de demasiados inocentes

Son sobre todo los niños quienes pagan «los onerosos costes de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales». Es la denuncia del Papa Francisco en el mensaje para la próxima Jornada Mundial del Inmigrante y del Refugiado, que se celebrará el 15 de enero de 2017 sobre el tema «Migrantes menores de edad, vulnerables y sin voz».

El fenómeno, por lo demás, afecta a uno de casi doscientos niños en el mundo. Según datos recientes, además, casi uno de cada tres niños que viven fuera de su país es un refugiado; y durante los últimos diez años, desde 2005 al 2015, además, el número de niños refugiados se ha duplicado.

Difundido la mañana del jueves 13 de octubre, el mensaje papal toma inspiración de la enseñanza de Jesús en el Evangelio –«Quien acoge uno solo de estos niños en mi nombre, a mí me acoge»– Para subrayar la advertencia dirigida a quien escandaliza a los pequeños, es decir ,a los que explotan a «los niños inducidos a la prostitución o utilizados en el negocio de la pornografía, hechos esclavos del trabajo infantil o enrolados como soldados, implicados en tráfico de droga y otras formas de delincuencia, obligados a escapar de conflictos y persecuciones» .

Deteniéndose de manera particular sobre el fenómeno de la inmigración, el Papa hace presente como sean «los menores a pagar los onerosos costes de la emigración», siendo privados, de hecho, de sus derechos declarados por las convenciones internacionales, como el derecho a un ambiente familiar sano y protegido, el derecho-deber a recibir una educación adecuada, o el derecho a jugar y a realizar actividades recreativas. Situación llevada al extremo ulteriormente además, por el hecho de que a menudo los menores migrantes son privados de sus documentos, sin acompañamiento y, por lo tanto, aún más vulnerables frente a la explotación y el abuso.

Ante estos sufrimientos, el Papa se pregunta «como responder» y distingue cuatro líneas maestras: en primer lugar impulsar el reconocimiento del fenómeno migratorio como parte de la historia de la salvación, y en segundo lugar, deseando la protección y la defensa de los menores migrantes. La tercera línea maestra es la integración, especialmente la de los menores destinados a centros de detención a causa del estado de irregularidad o cuando son reclutados por la criminalidad organizada. Y por último el mensaje pide la adopción de soluciones duraderas a través del «esfuerzo de la entera comunidad internacional para acabar con los conflictos y la violencia».

Fuente: L’Osservatore Romano