Memoria y silencio

Durante largos minutos, en un silencio lleno de oración, el Papa Francisco se detuvo en el lugar símbolo de la enorme tragedia de la Shoah. En Auschwitz y en Birkenau, donde hace menos de setenta años tuvo lugar la locura del odio del hombre contra el hombre, el Pontífice rindió homenaje a las víctimas de «tanta crueldad», como escribió en el libro de honor firmado en el campo de exterminio, acompañando su oración con una invocación a la «piedad» y al «perdón» del Señor.

El Papa eligió el silencio para hacer memoria de lo que permanece como una de las heridas más lacerantes y profundas en la historia de la humanidad. Su visita al campo de concentración nazi en Polonia, que abrió la jornada del viernes 29 de julio, fue una peregrinación triste de oración y de dolor. Solo, con paso lento, Francisco atravesó el portón de ingreso, pasando bajo la inscripción tristemente famosa «Arbeit macht frei». Luego permaneció durante más de un cuarto de hora sentado en silencioso recogimiento ante los lugares de prisión de los deportados. Besó uno de los patíbulos construidos en el campo, saludó a algunos supervivientes, apoyó la mano sobre el muro de la muerte, se detuvo en la celda donde fue encerrado el padre Maximiliano Kolbe, el franciscano conventual proclamado santo en 1982 por Juan Pablo II. A continuación, en el cercano campo de Birkenau, pasó junto a las lápidas grabadas en las 23 lenguas usadas por los prisioneros, escuchó el canto del salmo 130 entonado en hebreo por un rabino y saludó a un grupo de «justos entre las naciones».

Gestos más fuertes que mil palabras, en un clima de recogimiento y emoción que hizo casi de contrapeso al clima de alegría de la fiesta de acogida de los jóvenes de la JMJ, que tuvo lugar el jueves por la tarde en la gran explanada de Błonia, en Cracovia. Alrededor del Pontífice se reunieron cientos de miles de jóvenes de todo el mundo, comprometidos a vivir la «aventura de la misericordia» a la cual Francisco los ha llamado, invitándolos a no rendirse y a no tirar «la toalla antes de iniciar el partido». El Papa hizo un llamamiento sobre todo a evitar la tentación del «quietismo» y a trabajar para «construir puentes y derribar muros, cercos y alambradas».