No a la violencia en nombre de Dios

«Un “no” fuerte y claro a toda forma de violencia, venganza y odio cometidos en nombre de nombre de la religión o en nombre de Dios»: lo repitió el Papa ante el gran Imán Al-Azhar y a los líderes religiosos reunidos el viernes 28 de abril por la tarde, en la conferencia internacional para la paz promovida por la institución académica sunnita más importante del islam.

El nuevo llamamiento del Pontífice estuvo en el centro del primer discurso público pronunciado en tierra egipcia. Un discurso en el cual más de una vez Francisco –recordó que «la violencia es la negación de toda auténtica religiosidad» y que «los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones» van juzgados «como una falsificación idolátrica de Dios». Porque «sólo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios», «porque profanaría su nombre».

«Estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad», añadió el Papa dirigiéndose directamente a los participantes en la conferencia y exhortándoles a defender «el carácter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia física, social, educativa o psicológica». Una invitación reiterada también a las autoridades institucionales y a los representantes de la sociedad civil del país, encontrados después junto al presidente de la República: «No se puede construir la civilización –subrayó el Papa– sin rechazar toda clase de ideología del mal, de la violencia y así como interpretación extremista que pretenda anular al otro y eliminar las diferencias manipulando y profanando el Santo Nombre de Dios». Y precisamente ese nombre resonó con una sola voz en la oración ecuménica que unió a Francisco con el patriarca copto ortodoxo Teodoro II al finalizar la primera jornada del viaje, culminada con la firma de una declaración común para reiterar el esfuerzo «en la búsqueda de una unidad visible en la diversidad, bajo la guía del Espíritu Santo».

Abierta con la misa celebrada con la comunidad católica y marcada por la invitación a cultivar la cultura del diálogo y del respeto recíproco, la segunda y conclusiva jornada del viaje prosiguió por la tarde con el encuentro de oración en el seminario patriarcal de Maadi, ante la presencia de sacerdotes y religiosos. Por la tarde regresó al Vaticano.

Fuente: L’Osservatore Romano

Educar para la paz

Terrorismo, diálogo con el islam y ecumenismo son los temas principales del viaje del Pontífice a Egipto, retomados por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, en la entrevista concedida a la Secretaría para la comunicación.

El Papa visita Egipto a escasas tres semanas de los sangrientos atentados en las iglesias coptas el Domingo de Ramos.

Muchos han pensado que el Papa Francisco después de los sangrientos y brutales atentados que han golpeado Egipto quizás habría cuestionado su viaje a esa tierra. En cambio el Papa nunca ha pensado hacerlo, precisamente porque quiere hacerse presente, quiere estar allí donde hay situaciones de violencia, hay situaciones de conflicto, y en este caso precisamente en Egipto, y quiere ser mensajero de paz donde hay más necesidad de anunciar y obrar para la paz. Ciertamente lo hará con su palabra, en los varios encuentros, pero lo hará sobre todo y antes que nada con su presencia, una presencia de cercanía, de solidaridad, de aliento. Por consiguiente el Papa va precisamente porque Egipto necesita a alguien que anuncie la paz y que intente obrar por la paz.

¿El Gobierno egipcio podría hacer algo más para proteger a las minorías cristianas de los extremistas?

El Gobierno debe hacer de todo lo posible para proteger a los ciudadanos egipcios, a cualquier grupo social o religioso al que pertenezcan. Es propio del gobierno garantizar la seguridad a sus ciudadanos a través del trabajo de todos sus aparatos, de todas las fuerzas del orden. Pero evidentemente el del terrorismo es un desafío mucho más amplio, que no se resuelve y no se limita solo a nivel de seguridad. Es un desafío que requiere eliminar todas las causas que pueden ser las causas de las que nace, de las que se alimenta el terrorismo, y evidentemente también el Gobierno y las autoridades deben esforzarse en este frete. Un frente que convoca el compromiso de toda la sociedad, sobre todo el compromiso de la educación. En consecuencia, de la familia, del colegio, de las Iglesias, de los medios de comunicación, todos tienen una responsabilidad para educar en la paz y eliminar las que pueden ser las causas de este fenómeno, sobre todo respecto a los jóvenes. En consecuencia, darles un sentido de la vida, proponerles valores por los cuales vale la pena vivir, esforzarse y luchar, en lugar de perderse en esta espiral de violencia y de destrucción que es verdaderamente insensata.

El Pontífice, junto al patriarca Bartolomé, encontrará una de las voces más escuchadas del islam sunita. ¿Podemos esperarnos un llamamiento común para la paz?

Yo creo que habrá un llamamiento, se expresará un compromiso común de los cristianos y de los musulmanes, en favor de la paz… y este encuentro será ya un ejemplo y un modelo de paz, porque precisamente será un encuentro de diálogo. Como sabemos, el diálogo con la universidad al-Azhar fue reanudado de manera formal el pasado año, el 23 de mayo, cuando el jeque vino a visitar al Papa y luego hubo una conferencia siempre patrocinada por al-Azhar sobre la ciudadanía y la libertad donde ha participado también el Pontificio consejo para el diálogo interreligioso, donde fue firmada una declaración invitando a todos a rechazar la violencia en nombre de Dios, invitando a respeto y a la convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes sobre la base del estado de derecho, de la igualdad y del concepto de ciudadanía, otro concepto importante que hay que subrayar. Por ello este encuentro se sitúa en esa línea y habrá una conferencia sobre la paz, también esta vez patrocinada por la universidad al-Azhar, en la cual participará el Papa con un discurso y ahora precisamente también el patriarca ecuménico de Constantinopla. Lo que el Papa ha siempre dicho, lo ha dicho desde el principio de su pontificado, en Evangelii gaudium, que el diálogo es indispensable, es fundamental para la paz en el mundo, y que todas las religiones deben sentirse comprometidas para trabajar en este sentido. Este diálogo debe convertirse en un encuentro y en una colaboración por el bien común. Pienso que esta ocasión que tendrá el Pontífice de visitar al-Azhar y a sus autoridades, irá justamente en este sentido, en el sentido de volver a proponer una vez más el método y el camino del diálogo y del encuentro como método para superar las contraposiciones y las violencias que pueden surgir, desgraciadamente, en nombre de la religión, manipulando la religión misma.

¿Pero cómo detener el proselitismo de los fundamentalistas?

La cuestión fundamental es la educación, y por consiguiente educar los pertenecientes a las varias religiones, sobre todo a los niños y a los jóvenes para que tengan una actitud de gran respeto de las otras fes. Nace de ahí. Yo creo que la cuestión del lenguaje es fundamental: cuando se usa un lenguaje violento existe el peligro de que este luego pueda conducir a actos violentos. Cuando en cambio se usa un lenguaje de paz, de respeto, de reconciliación ciertamente esto dará sus frutos positivos. Entonces el proselitismo se combate una vez más con la educación en el respeto, la tolerancia y la aceptación.

El encuentro con la Iglesia copta ortodoxa mártir será otra etapa del ecumenismo del sufrimiento. ¿Pero una nueva comunión podrá evitar el éxodo de los cristianos?

Nosotros lo esperamos vivamente, y creo que es precisamente este apoyo que también los cristianos de Oriente Medio deben sentir por parte de sus hermanos de Occidente, que podrán ayudarles a permanecer en su país a pesar de las dificultades y continuar dando su testimonio cristiano en medio de una sociedad que es de fe islámica en su gran mayoría. Yo creo que la aportación de los cristianos sea realmente importante, sea decisiva. Pueden dar una contribución en todos los sentidos, para la construcción de la sociedad y para una convivencia más armoniosa, serena y pacífica también dentro de la sociedad. Y esta comunión en un cierto sentido cimentada, reforzar por eso que el Papa llama ecumenismo de la sangre. Esta violencia que arremete contra los cristianos en cuanto cristianos, más allá de sus diferentes pertenencias confesionales. Porque creyentes en Cristo, porque discípulos de Cristo, se convierten en objeto de esta violencia realmente brutal e insensata. Por tanto, ciertamente el encuentro con el Papa Teodoro II y con la comunidad copto ortodoxa que en estos últimos tiempos ha sufrido tanto, cimentará todavía más la comunión, que ya existe. Hay una buena relación del Papa y de la Iglesia católica con la Iglesia copto-ortodoxa que es la comunidad cristiana más grande en Oriente Medio, y todo esto creo que servirá para darles mayor valentía, para no sentirse abandonados y por tanto también para perseverar en su presencia en el país y en su testimonio.

La visita se cerrará con el encuentro con la pequeña comunidad copto-católica. ¿Es una llama que lleva un testimonio de la cruz pero también de una unidad posible?

La comunidad copto-católica es pequeña, una llama, muy bonita esta imagen, y el Papa va también a ayudar, a confirmar en la fe también para que esta llama no languidezca, no se apague sino que continúe ardiendo, aunque sea una pequeña llama, en esa sociedad y continúe llevando su aportación. Por tanto será un encuentro con la familia de los católicos, un encuentro para animarles a ir adelante en su testimonio cada día.

Fuente: L’Osservatore Romano

El diálogo ecuménico se hace en camino

Francisco está estudiando la posibilidad de viajar a Sudán del Sur junto al arzobispo de Canterbury, Justin Welby, para llevar un testimonio ecuménico de paz al martirizado país africano. Lo reveló el mismo Pontífice durante la visita realizada, el domingo 26 de febrero por la tarde, a la Iglesia anglicana de All Saints, en Roma.

Respondiendo a las preguntas que le fueron planteadas por tres fieles al finalizar la liturgia ecuménica, el Papa explicó que recibió la invitación de tres obispos sudaneses. Un anglicano, un presbiteriano y un católico. «De ellos, Iglesia joven, ha venido esta creatividad» subrayó, añadiendo: «estamos pensando si se puede hacer, si la situación es demasiado fea allí –aseguró– tenemos que hacerlo porque ellos, los tres, juntos quieren la paz, y trabajan juntos por la paz».

Durante el coloquio Francisco reiteró también la necesidad del «diálogo teológico» entre católicos y anglicanos para afrontar temas «sobre los que todavía no estamos de acuerdo». Pero, precisó, «esto no se puede hacer en el laboratorio: se debe hacer caminando, a lo largo del camino».

«Nosotros –confesó – estamos en camino y en camino hacemos también estas discusiones». Así, por el camino, «nos ayudamos, nosotros, el uno al otro, en nuestras necesidades, en nuestra vida». En sustancia, remarcó, «No se puede hacer el diálogo ecuménico parados. El diálogo ecuménico se hace en camino, porque el diálogo ecuménico es un camino, y las cosas teológicas se discuten en camino». Significativo, en este sentido, el hermanamiento entre la Iglesia anglicana y la parroquia católica de Todos los Santos en la Appia nuova, oficializado ante el Papa precisamente durante la visita. También esto para Francisco, es signo de que entre católicos y anglicanos «las relaciones han mejorado todavía más». Y «a mí me gusta, esto es bueno», afirmó invitando a los fieles a seguir el ejemplo de las Iglesias jóvenes que demuestran «más creatividad» y «más valor» en el campo del ecumenismo.

También en la homilía pronunciada durante la liturgia el Pontífice exhortó a dar las gracias al Señor «porque entre los cristianos ha crecido el deseo de una mayor cercanía, que se manifiesta en el rezar juntos y en el común testimonio del Evangelio, sobre todo a través de las varias formas de servicio». Mientras en pasado católicos y anglicanos «se miraban con sospecha y hostilidad», ahora –dijo– «nos reconocemos como verdaderamente somos: hermanos y hermanas en Cristo, mediante nuestro común bautismo».

Claro, admitió, «el progreso en el camino hacia la plena comunión puede aparecer lento e incierto». Pero como san Pablo –que «no se resigna a las divisiones» en la comunidad de Corintio– así los cristianos son llamados hoy a «recorrer aquí abajo todas las posibles vías de un camino cristiano fraternal y común», practicando la humildad y reconociéndose «mendicantes de misericordia».

Fuente: L’Osservatore Romano

Juntos contra el odio

«La actitud antisemita, que nuevamente deploro en todas sus formas» es «contraria en todo a los principios cristianos y a toda visión que sea digna del hombre»: lo ha reiterado con fuerza el Papa Francisco recibiendo, el jueves 9 de febrero por la mañana, a una delegación de la «Anti defamation league», organización judía estadounidense que tiene relaciones con la Santa Sede desde tiempos del Concilio Vaticano II.

«Nuestro encontrarnos –dijo el Pontífice en su discurso– es un ulterior testimonio, además del compromiso común, de la fuerza benéfica de la reconciliación, que sana y transforma las relaciones. Por esto damos gracias a Dios –prosiguió– que ciertamente se alegra viendo la amistad sincera y los sentimientos fraternales que hoy animan a Judíos y católicos». Un elogio a «la cultura del encuentro y de la reconciliación» que «genera vida y produce esperanza» fue hecho por el Papa Francisco, el cual puso en guardia ante la «no–cultura del odio» que «siembra muerte y causa desesperación». Y a propósito recordó la visita realizada el año pasado al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, cuando ante los «horrores de la crueldad y del pecado» rezó «para que tales tragedias no se repitan. Por ello continuemos ayudándonos los unos a los otros» deseó Francisco retomando la severa advertencia de Juan Pablo II sobre la «inefable iniquidad de la Shoah» (12 de marzo de 1998). Solo así, continuó el Pontífice, es posible construir «un futuro de auténtico respeto por la vida y por la dignidad de todo pueblo y de todo ser humano» sobre todo durante esta época en la que «desgraciadamente, la actitud antisemita todavía es difusa».

También porque, aclaró, «hoy más que en el pasado, la lucha contra el antisemitismo puede servirse de instrumentos eficaces, como la información y la formación». Y a propósito el Papa dio las gracias a la organización por su labor y porque acompaña «la lucha contra la difamación con el compromiso de educar, de promover el respeto de todos y proteger a los más débiles». En particular, explicó, «el custodiar el sagrado tesoro de toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte, tutelando la dignidad, es la vía mejor para prevenir toda forma violenta. Ante la excesiva violencia que se propaga por el mundo, estamos llamados a una mayor no-violencia, que no significa pasividad, sino promoción activa del bien». Respecto a lo demás, «si es necesario extirpar la hierva del mal, es todavía más urgente sembrar el bien: cultivar la justicia, acrecentar la concordia, apoyar la integración, sin cansarse nunca; sólo así se podrán recoger los frutos de paz». De aquí la invitación final del Papa para promover juntos la cultura y «favorecer en todos los lugares la libertad de culto, incluso protegiendo a los creyentes y a las religiones de toda manifestación de violencia e instrumentalización» como «los mejores antídotos contra el insurgir del odio».

Fuente: L’Osservatore Romano

La unidad es posible

«Comunión, reconciliación y unidad son posibles»: en el día en el cual ha iniciado la semana ecuménica el Papa Francisco ha reiterado le necesidad de rezar para que los cristianos vuelvan a encontrar la plena unión, subrayando como «en Europa esta común fe en Cristo es como un hilo verde de esperanza». Saludando, como es habitual, a los grupos de fieles al finalizar la audiencia general del 18 de enero, con los de lengua alemana presentes en el aula Pablo VI, el Pontífice recordó «con emoción la oración ecuménica de Lund, en Suecia, el pasado 31 de octubre». De aquí la exhortación «dentro del espíritu de la conmemoración común de la Reforma», a mirar «más a lo que une que a lo que divide» y a continuar «el camino juntos, para profundizar la comunión y darle una forma siempre más visible». Deseos renovados en su cuenta @Pontifex: «La exigencia de estar unidos en Cristo –tuiteó– nace de lo más profundo de nuestra fe en Él».

Anteriormente el Papa había proseguido el ciclo de reflexiones sobre el tema de la esperanza cristiana a la luz de las Escrituras. En el marco de la catequesis la figura bíblica del profeta Jonás «intenta evadirse de la llamada del Señor». Pero su episodio –narrado «en un pequeño libro de solo cuatro capítulos» – constituye según Francisco «una especie de parábola portadora de una gran enseñanza, la de la misericordia de Dios que perdona».

Él es efectivamente «un profeta en salida que Dios envía “a la periferia”, a Nínive» para convertir a los habitantes. Pero él busca escapar de su tarea y huye. Y durante la huida entra en contacto con unos paganos, los marineros de la nave en la que se había embarcado. Pero «durante la travesía en el mar, se desencadena una gran tormenta», durante la cual el profeta «reconociendo las propias responsabilidades, se hace echar al mar para salvar a sus compañeros de viaje». De ahí la lección extraída por Francisco: «La muerte inminente ha llevado a esos hombres paganos a la oración» y «ha hecho sí que el profeta viviera la propia vocación al servicio de los demás aceptando sacrificarse».

En consecuencia, concluyó el Papa añadiendo una consideración al texto escrito, es necesario invocar al Señor para que «nos haga entender esta unión entre oración y esperanza». También porque «la oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, ¡se necesita más oración! Y habrá más esperanza».

Fuente: L’Osservatore Romano

Con la simplicidad de los niños

«Necesitamos la simplicidad de los niños, ellos nos enseñan el camino hacia Jesús». El Papa Francisco aprovechó la presencia en el Vaticano de los nietos de un obispo luterano finlandés para señalar este original recorrido en el camino hacia la plena unidad de los cristianos. Recibiendo el jueves 19 de enero por la mañana, a una delegación ecuménica llegada del país escandinavo, el Pontífice dio las gracias al prelado de Turku «por el buen gusto» de haberse hecho acompañar por los pequeños, indicando de hecho a las nuevas generaciones como los “maestros” del diálogo en la vida cotidiana entre fieles de diferentes Iglesias y confesiones cristianas.

La ocasión ha sido el anual peregrinaje que los finlandeses realizan a Roma con motivo de la fiesta de san Enrique, su evangelizador. En dicho peregrinaje participan juntos representantes de la Iglesia evangélica luterana mayoritaria, pero también católicos. En su discurso el Papa ha recordó que la semana ecuménica «llama al acercamiento a partir de la conversión. El verdadero ecumenismo se basa en la conversión común a Jesús» como nuestro Señor y Redentor. Además, «si nos acercamos a él, nos acercamos también los unos a los otros». De aquí nace la invitación a invocar al Espíritu Santo «para que suscite esta conversión, que hace posible la reconciliación».

El Pontífice además evocó la “etapa significativa” del 31 de octubre, cuando «nos hemos reunido en Lund, en Suecia, para conmemorar el inicio de la Reforma con una oración común». Este evento tuvo, efectivamente, «un significado importante en términos humanos y teológico-espirituales. Después de cincuenta años de diálogo ecuménico oficial, hemos sido capaces de exponer claramente las perspectivas sobre las que ahora podemos decir que estamos de acuerdo» y «al mismo tiempo, tenemos vivo en el corazón el arrepentimiento sincero por nuestras culpas». Además porque, reiteró Francisco que «la intención de Martin Lutero era renovar la Iglesia, no dividirla».

Sucesivamente el Papa recibió a los organizadores de la muestra sobre la historia de los jubileos que ha tenido lugar en el Senado de la República italiana, subrayando como «el corazón de cada Año Santo» sea el encuentro entre «la bondad de Dios y la fragilidad del hombre».

Fuentes: L’Osservatore Romano