Referéndum simbólico convocado en Venezuela por la oposición

Horas de altísima tensión en todo Venezuela. Este domingo la oposición antichavista organizará un referéndum simbólico sobre la asamblea constituyente decidida por el presidente Nicolás Maduro. La Mesa de la Unidad Democrática (Mud, coalición de grupos de la oposición, que controla el parlamento monocameral de Caracas) presentó el referéndum como un «acto de desobediencia civil» para hacer entender cuánto el país es contrario al poder de Maduro y pida reformas estructurales. Según un sondeo del instituto Datanalisis, más del 70% de los venezolanos se oponen a la constituyente de Maduro y cerca del 80% es profundamente crítico con lo relacionado con la situación que parece cada vez más desordenada, entre enfrentamientos (95 víctimas hasta ahora), violencias y una crisis económica devastadora. La Mud preparó dos mil centros de voto, llamados “puntos de la soberanía”, en distintos lugares del país: establecimientos deportivos, los aparcamientos de las iglesias, las plazas públicas y los centros comerciales. Se votará en 14.300 centros electorales que estarán abiertos desde las 7 de la mañana hasta las nueve. Las preguntas a las que responder son tres: ¿rechazas la convocatoria de la Asamblea Constituyente propuesta por el presidente Nicolás Maduro sin la aprobación del pueblo venezolano? ¿Pide a las fuerzas armadas y a todos los funcionarios públicos obedecer a la Constitución, defenderla y apoyar la Asamblea nacional? ¿Aprueba la renovación de los poderes púbicos cumpliendo la constitución, la realización de elecciones libres y transparentes, así como la formación de un gobierno de unidad nacional para restablecer el orden constitucional? Obviamente, el referéndum de este domingo tiene solo un valor simbólico. Aun así, la oposición espera que, junto al bajísimo número de votantes del 30 de julio gracias al cual serán designados los 545 miembros del constituyente, puede hacer entender al gobierno que ha llegado el momento de cambiar. Y esto en primer lugar debería bloquear el proceso de revisión constitucional. El martes, cuando la Asamblea nacional se reunirá para examinar los resultados del referéndum, podría ser convocada una huelga general en todo el país. Maduro, por su lado, niega todas las acusaciones que son presentadas por la oposición y se reconoce seguro de tener el apoyo de una buena parte de la población. Señala con el dedo a países extranjeros que, según él, solamente quieren crear el caos en el país y alimentar el miedo.

Fuente: Rome Reports

Los jóvenes y la cuestión sexual

En nuestra sociedad «hipersexuada», en la cual el sexo es usado para vender cualquier producto y propuesto como solución para todas las cuestiones existenciales, ¿cómo se puede pensar en evitarlo cuando se afronta el tema de los jóvenes?, ¿cómo se propone el próximo sínodo? La definición de la propia indentidad sexual y la búsqueda de un equilibrio en el modo de vivir el sexo constituyen efectivamente un problema central y agobiante para los jóvenes de hoy, creyentes o no, y son de todas formas un momento fundamental de su proceso de discernimiento interior, en vista de la elección de su vocación.

Es un proceso de discernimiento que procede necesariamente de manera diversa si se trata de un chico o de una chica, que viven hoy, precisamente desde el punto de vista de su relación con la sexualidad, situaciones diversas y contrastantes. Se trata de un tema que no hay que tratarlo de manera abstracta, porque terminaría enseguida por convertirse en un catálogo de normas, una moral que hoy tiene poquísimas posibilidades de ser realmente compartida.

Por esto es útil la lectura del libro Una juventud sexualmente liberada (o casi), publicado en Italia por Sonzogno y escrito por una sexóloga treintañera, Thérèse Hargot, que se define una nieta de la revolución sexual, casada y madre de tres niños. Una feliz excepción en el panorama actual, que la lleva a mirar con ojo crítico a lo políticamente correcto de la ideología sexual que condiciona la vida de sus coetáneos, pero también de sus alumnos, que van de los diez a los dieciocho años.

Hargot descubre sobre todo que hoy «el individuo cree vivir una vida sexual y afectiva desvinculada de las prohibiciones, de las reglas y de las instituciones pero en realidad adhiere a cada punto, y sin saberlo, a los “es necesario”, “se debe” y “es normal” de su época, a los nuevos mandamientos». Porque en una sociedad en la cual la necesidad de seguridad es exacerbada por la desorientación general, la norma tranquiliza, particularmente en la adolescencia, y por este motivo, «lejos de ser una prueba de libertad, el discurso de los adolescentes sobre la sexualidad es el producto de un condicionamiento».

La primera realidad que la sexóloga belga desvela sin piedad ante nuestros ojos es la del uso desgraciadamente difusísimo y extendido de la pornografía que constituye, sobre todo para los hombres, la primera vía de conocimiento de la sexualidad, el primer y a menudo único modelo en la materia. Casi siempre al inicio impuesta o sugerida por alguien más grande que ellos, constituye una especie de violación, «una violación dela imaginación». Es una práctica que condiciona las relaciones que estos jóvenes tendrán con las mujeres, consideradas objetos de placer, y que les hace muy menudo, también en los años sucesivos, dependientes del uso del porno e incapaces de dominar sus propios impulsos sexuales.

Por otra parte, la banalización del sexo aumenta el peso de los sentimientos, por lo que la pareja, también entre los jovencísimos, es concebida solo como alegría y felicidad, es decir se convierte en un bien refugio, en cuyo interior uno espera ser curado, salvado. Se vive sumergidos en lo emocional, creando ya desde jovencísimos relaciones de pareja muy estrechas pero que se rompen ante el primer obstáculo, sin dar espacio a la inteligencia y a la voluntad. De la pareja, en definitiva, se espera demasiado, y demasiado pronto.

Pero el problema más grave para los jóvenes de hoy individuado por Hargot es la definición de la propia orientación sexual porque –se pregunta– «¿cómo determinar la propia identidad cuando esta es en función de sus propios deseos?». Definirse así mismos en base a los deseos no puede sino generar confusión, y la dignidad humana es pisoteada si se piensa que la búsqueda existencial, típica y necesaria en la adolescencia, se basa solo en las experiencias sexuales. La autora traslada entonces el problema juvenil a interrogantes fundamentales de la filosofía existencial, partiendo siempre de las cuestiones concretas que les ve vivir.

Las enfermedades, el aborto, la anticoncepción, la relación con los padres, todos los problemas centrales en la vida de los jóvenes, son afrontados por la estudiosa prestando una constante atención a la diferencia entre hombres y mujeres, y explícitamente con la intención de liberarlos de un condicionamiento peligroso –el ideológico– por su crecimiento. Pero para indicar un camino diverso es necesario saber cuál es la condición de la que parten, conocer su realidad. Precisamente para el libro, que extrae sus reflexiones de la experiencia concreta, de jóvenes verdaderos, de sus preguntas, constituye una sugerencia muy valiosa.

Fuente: L’Osservatore Romano

La familia buena noticia para el mundo

«La familia La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy». Está convencido el Papa Francisco, que en un mensaje enviado al cardenal Kevin Farrel invita a iniciar el camino de preparación hacia el noveno encuentro mundial de las familias, programado del 21 al 26 de agosto en Dublín, Irlanda, sobre el tema: «El Evangelio de la Familia: alegría para el mundo».

Al prefecto del dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Pontífice manifiesta expresamente su deseo de que todas las familias «puedan profundizar en la reflexión y compartir los contenidos de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia». Hoy, recuerda, más que nunca «necesitamos una humildad renovada que plasme el deseo de formarnos, de educarnos y de ser educados, de ayudar y de ser ayudados, de acompañar, discernir e integrar a todos los hombres de buena voluntad». «Sueño — afirma al respecto Francisco — una Iglesia en salida, no aturreferencial, una Iglesia que no pase distante de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón de la revelación de Dios amor que es la misericordia».

Es esta mims misericordia, asegura, «que nos hace nuevos en el amor; y sabemos cuánto las familias cristianas sean lugares de misericordia y testigos de misericordia».

En el mensaje el Papa subraya en particular que la familia es el “sí” del Dios amor. Por tanto, «solo a partir del amor la familia puede manifestar, difundir y re-generar el amor de Dios en el mundo». Es por esto que, insiste, «sin el amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos».

«Deseo subrayar — prosigue el Pontífice — cuánto sea importante que las familias se pregunten a menudo si viven a partir del amor, para el amor y en el amor». Esto significa concretamente «darse, perdonarse, no perder la paciencia, anticiparse al otro, respetarse». Y la vida familiar sería seguramente mejor, reitera, «si cada día se vivieran las tres sencillas palabras “permiso”, “gracias”, “perdón”».

Fuente: L’Osservatore Romano

Aprendamos los unos de los otros

«Aprender los unos de los otros»: es este el camino de reconciliación entre los cristianos indicado por el Papa Francisco en la Solemnidad de la conversión de san Pablo. Para concluir la semana ecuménica, como es costumbre el Pontífice presidió el 25 de enero la celebración de las Segundas Vísperas en la Basílica Ostiense dedicada al apóstol. Y con el beso dado –en el momento de la despedida – a las cruces pectorales del metropolita ortodoxo y del arzobispo anglicano, Francisco ha querido plasmar al rito el sello ecuménico de un pontificado encaminado a construir puentes de reconciliación.

Por lo demás, también en la homilía el Papa había insistido en la necesidad de proclamar el Evangelio de reconciliación, sobre todo después de siglos de divisiones entre cristianos. Y había individuado en la predicación de Pablo una ayuda «para encontrar el camino». Efectivamente– explicó– «la reconciliación en Cristo no puede darse sin sacrificio. Los embajadores de la reconciliación están llamados a dar la vida en su nombre, a no vivir para sí mismos. Es la revolución cristiana de siempre».

Por consiguiente, «Para la Iglesia, para cada confesión cristiana», eso se traduce en «una invitación a no basarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento». Y también a «salir de todo aislamiento, a superar la tentación de la “autreferencia”». En sustancia, «Una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás con humildad y docilidad, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros».

Y si – observó el Pontífice – «mirar hacia atrás es necesario para purificar la memoria», también es verdad que pero «detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente». De aquí la exhortación a que «no cansemos nunca de pedir a Dios este don» el don de la unidad. «Sigamos adelante en nuestro camino de reconciliación y de diálogo, animados por el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas que, tanto ayer como hoy, están unidos en el sufrimiento por el nombre Jesús». Y « aprovechemos todas las ocasiones para rezar juntos, anunciar juntos, amar y servir juntos, especialmente a los más pobres y abandonados».

Fuente: L’Osservatore Romano

En manos de la Iglesia

Anunciado por sorpresa para todas las diócesis del mundo y por sorpresa introducido personalmente por el Papa en el corazón de África, el Año Santo extraordinario ha concluido el último domingo del año litúrgico con una liturgia sencilla en la tumba del apóstol Pedro. Como es bien sabido, Francisco ha querido dedicar este Jubileo a la misericordia, corazón del Evangelio, y lo ha abierto en Roma en el 50° aniversario del Vaticano II, que bajo el signo de la misericordia fue iniciado y cerrado por sus predecesores Roncalli y Montini.

La elección del primer Pontífice, que por razones anagráficas no tomó parte en el Concilio, tiene un significado clarísimo: la voluntad de proseguir con la renovación decidida por la mayor asamblea cristiana jamás celebrada. Durante el transcurso de estos cincuenta años, el camino abierto por el Vaticano II ha sido, sí emprendido, pero ciertamente no concluido. Si además el Concilio, como cualquier otro evento, obviamente es sometido a la valoración de los históricos, no se refleja quizás suficientemente un dato de hecho innegable: el impacto, realmente sin precedentes, del Vaticano II sobre el mundo en su conjunto, sobre las otras religiones y sobre las diversas confesiones cristianas.

Un impacto que conlleva entonces la responsabilidad de no inclumplir el compromiso de este coloquio con el mundo, los creyentes, los otros cristianos, los tres círculos concéntricos de la visión que en pleno Concilio fue diseñada en la encíclica programática de Pablo VI. Hoy su sucesor procede por por estas vías junto a toda la Iglesia y sorprende que precisamente en la Iglesia no todos entiendan el significado pastoral y misionero de sus elecciones y de su esfuerzo, significado repetido con sencillez en sus recientes entrevistas en los medios de comunicación católicos italianos.

Para entenderlo sería suficiente, como ha hecho Francisco durante estas conversaciones, recorrer con la memoria los caminos de un Jubileo que, más allá de números y estadísticas siempre discutibles, ha multiplicado miles y miles de veces las puertas santas atravesadas por los fieles, no sólo católicos, sino en ocasiones también por mujeres y hombres en busca de dar sentido a su propia vida. Sentido que precisamente el signo universal de la misericordia puede ofrecer de nuevo a todo ser humano.

Concluido el Vaticano II, una frase común quería «el Concilio en nuestras manos». Medio siglo después, el Año Santo de la misericordia que ha pretendido reavivarlo ha consumado sus días. Y ahora también está en manos de la Iglesia, y de cada mujer y cada hombre que en la misericordia pueda y quiera reconocerse.

Fuente: L’Osservatore Romano

Con realismo evangélico

Hoy es necesario mirar a la familia con «realismo evangélico». Que no se queda «en la descripción de las situaciones, de las problemáticas, menos aún del pecado», sino que «va siempre más allá y logra ver detrás de cada rostro, de cada historia, de cada situación, una oportunidad, una posibilidad». Es la indicación pastoral que el Papa Francisco sugirió al inaugurar los trabajos de la asamblea de la diócesis de Roma dedicado al tema: «La alegría del amor: el camino de las familias en Roma a la luz de la exhortación apostólica Amoris laetitia».

A los obispos, sacerdotes y catequistas reunidos el jueves 16 de junio, por la tarde, en la basílica de San Juan de Letrán, el Pontífice propuso una pista de lectura de la exhortación apostólica post-sinodal contenida en tres exhortaciones: «la vida de cada persona, la vida de cada familia se debe tratar con mucho respeto y mucha atención; cuidarnos de poner en acción una pastoral de guetos y para los guetos; dejemos espacio a los ancianos para que vuelvan a soñar». Se trata de «tres imágenes —explicó— que nos recuerdan cómo la fe no nos aleja del mundo, sino que nos introduce más profundamente en él: no como los perfectos e inmaculados que creen saberlo todo, sino como personas que han conocido el amor que Dios tiene a cada uno de nosotros».

Sucesivamente, interpelado por tres preguntas, Francisco volvió sobre algunos temas, alertando en particular sobre el individualismo que enjaula la libertad y exhortando a seguir siempre «la senda de la ternura, de la escucha, del acompañamiento». En cuanto a la pastoral de las familias, el Papa recomendó evitar las insidias del «rigorismo» y del «laxismo», porque en ámbito doctrinal no existe la «seguridad matemática». La moral —aseguró— «es un acto de amor, siempre: amor a Dios, amor al prójimo. Es también un acto que deja espacio a la conversión del otro, no condena inmediatamente».

Fuente: L’Osservatore Romano