La unidad es posible

«Comunión, reconciliación y unidad son posibles»: en el día en el cual ha iniciado la semana ecuménica el Papa Francisco ha reiterado le necesidad de rezar para que los cristianos vuelvan a encontrar la plena unión, subrayando como «en Europa esta común fe en Cristo es como un hilo verde de esperanza». Saludando, como es habitual, a los grupos de fieles al finalizar la audiencia general del 18 de enero, con los de lengua alemana presentes en el aula Pablo VI, el Pontífice recordó «con emoción la oración ecuménica de Lund, en Suecia, el pasado 31 de octubre». De aquí la exhortación «dentro del espíritu de la conmemoración común de la Reforma», a mirar «más a lo que une que a lo que divide» y a continuar «el camino juntos, para profundizar la comunión y darle una forma siempre más visible». Deseos renovados en su cuenta @Pontifex: «La exigencia de estar unidos en Cristo –tuiteó– nace de lo más profundo de nuestra fe en Él».

Anteriormente el Papa había proseguido el ciclo de reflexiones sobre el tema de la esperanza cristiana a la luz de las Escrituras. En el marco de la catequesis la figura bíblica del profeta Jonás «intenta evadirse de la llamada del Señor». Pero su episodio –narrado «en un pequeño libro de solo cuatro capítulos» – constituye según Francisco «una especie de parábola portadora de una gran enseñanza, la de la misericordia de Dios que perdona».

Él es efectivamente «un profeta en salida que Dios envía “a la periferia”, a Nínive» para convertir a los habitantes. Pero él busca escapar de su tarea y huye. Y durante la huida entra en contacto con unos paganos, los marineros de la nave en la que se había embarcado. Pero «durante la travesía en el mar, se desencadena una gran tormenta», durante la cual el profeta «reconociendo las propias responsabilidades, se hace echar al mar para salvar a sus compañeros de viaje». De ahí la lección extraída por Francisco: «La muerte inminente ha llevado a esos hombres paganos a la oración» y «ha hecho sí que el profeta viviera la propia vocación al servicio de los demás aceptando sacrificarse».

En consecuencia, concluyó el Papa añadiendo una consideración al texto escrito, es necesario invocar al Señor para que «nos haga entender esta unión entre oración y esperanza». También porque «la oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, ¡se necesita más oración! Y habrá más esperanza».

Fuente: L’Osservatore Romano

Por los niños y las familias

«Te traigo, Madre, a los niños, especialmente aquellos solos, abandonados, y que por ese motivo son engañados y explotados. Te traigo, Madre, a las familias, que llevan adelante la vida y la sociedad con su compromiso cotidiano y escondido; en modo particular a las familias que tienen más dificultades por tantos problemas internos y externos». Con una sentida oración el Papa Francisco confió a la protección de la Virgen María sobre todo a las personas que pasan necesidad. El 8 de diciembre por la tarde, solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Pontífice ha renovado al acto de veneración a la Virgen, trasladándose a Plaza de España para el tradicional homenaje.

En la oración, recitada a los pies de la columna mariana, el Papa encomendó a la Madre celestial también a «todos los trabajadores, hombres y mujeres, especialmente a quien, por necesidad, se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno, y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo». Así, pues, ha elevado su invocación a fin de que la humanidad logre «recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas con respeto y reconocimiento, sin intereses egoístas o hipocresías», de modo que se pueda «amar en modo gratuito, sin segundos fines, sino buscando el bien del otro, con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes».

El pensamiento del Pontífice se dirigió a los «pobres, enfermos, despreciados», pero también a «quien ha caído y a quien vacila», con el deseo de que los cristianos sean capaces de «ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso» y de «caminar por los senderos de quien se ha perdido».

Anteriormente, durante el Ángelus en la plaza de San Pedro, Francisco había recordado el fuerte terremoto que azotó la isla de Sumatra, en Indonesia, asegurando su «oración por las víctimas y por sus familiares, por los heridos y por quienes han perdido la casa. Que el Señor dé fuerza a la población —ha sido su oración— y sostenga los trabajos de socorro».

Al día siguiente, viernes por la mañana, el Papa habló de la «triste y trágica realidad de los inmigrantes» durante la audiencia a los peregrinos llegados de Malta y de la región del Trentino con ocasión del regalo del belén y del árbol que han sido colocados en la plaza de San Pedro. Cada Navidad —dijo al respecto— es «una invitación a hacer espacio a Dios» oculto en el rostro de los necesitados. Significativa la elección de decorar el árbol con bolitas de colores realizadas por niños que asisten a talleres de cerámica-terapia en distintos hospitales. Y el belén reproduce el paisaje maltés, con el complemento de la tradicional cruz de Malta y del «luzzu», típica embarcación local, que recuerda también la triste y trágica realidad de los inmigrantes en las pateras.

Fuente: L’Osservatore Romano