Francisco en Colombia: Homilía durante la misa en el parque Simón Bolívar (TEXTO COMPLETO)

El Evangelista recuerda que el llamado de los primeros discípulos fue a orillas del lago de Genesaret, allí donde la gente se aglutinaba para escuchar una voz capaz de orientarles e iluminarles; y también es el lugar donde los pescadores cierran sus fatigosas jornadas, en las que buscan el sustento para llevar una vida sin penurias, digna y feliz. Es la única vez en todo el Evangelio de Lucas en que Jesús predica junto al llamado mar de Galilea.  Continue reading “Francisco en Colombia: Homilía durante la misa en el parque Simón Bolívar (TEXTO COMPLETO)”

Francisco en Colombia: Discurso a Obispos del CELAM (TEXTO COMPLETO)

Queridos hermanos, gracias por este encuentro y por las cálidas palabras de bienvenida del Presidente de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano. De no haber sido por las exigencias de la agenda, hubiera querido encontrarlos en la sede del CELAM. Les agradezco la delicadeza de estar aquí en este momento. Continue reading “Francisco en Colombia: Discurso a Obispos del CELAM (TEXTO COMPLETO)”

Francisco en Colombia: Mensaje a los Obispos (TEXTO COMPLETO)

La paz esté con ustedes
Así saludó el Resucitado a su pequeña grey después de haber vencido a la muerte, así consiéntanme que los salude al inicio de mi viaje.

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Francisco en Colombia: Mensaje a los jóvenes desde la catedral (TEXTO COMPLETO)

Queridos hermanos y hermanas;

Los saludo con gran alegría y les agradezco la calurosa bienvenida. «Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes» (Lc 10,5-6).

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La fuerza de los pequeños

Para encontrar al Señor «que viene y vendrá», es necesario tener «corazones grandes pero actitud de pequeños», yendo hacia adelante con «la alegría de los humildes» que son conscientes de estar continuamente bajo la mirada del Señor. Es este el estilo de vida que se pide a cada cristiano. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía, en la cual propuso una reflexión sobre el tema de la «humildad».

Retomando el hilo de la meditación del día anterior —en el cual se ponía en evidencia cómo el «camino» del periodo del Adviento deba estar caracterizado por «tres actitudes»: ser vigilantes en la oración, laboriosos en la caridad y exultantes en la alabanza»— el Pontífice se detuvo ante la imagen evangélica (Lucas 10, 21-24) de Jesús que «exultó de alegría en la alabanza al Padre». ¿Cuál es la razón de la alegría de Jesús? «Porque el Señor revela a los pequeños el misterio de la salvación, el misterio de sí mismo» subrayó Francisco, enfatizando: «a los pequeños, no a los sabios y doctos: a los pequeños». El Señor efectivamente «prefiere a los pequeños, para sembrar en el corazón de los pequeños el misterio de la salvación», porque «los pequeños saben entender cómo es este misterio».

Lo confirma también la primera lectura propuesta por la liturgia del día y extraída del libro del profeta Isaías (11, 1-10), en la cual, hizo notar el Papa, se encuentran muchas «pequeñas cosas», muchos «pequeños detalles que nos hacen ver cómo la promesa de paz de Dios a su pueblo, de redención, la promesa de salvarlo siempre va por este camino». Así se lee que «en ese día, un retoño de sus raíces brotará»: el profeta «no dice: “vendrá un ejército y te dará la liberación”», sino que hace referencia a «un pequeño retoño, una cosa pequeña». Y, añadió el Pontífice, «en Navidad veremos esta pequeñez, esta pequeña cosa: un niño, un establo, una mamá, un papá…». Es la importancia de tener «corazones grandes pero actitud de pequeños».

Así, «sobre este retoño se posará el Espíritu del Señor, el Espíritu Santo». Y sobre este brote, explicó Francisco, estará «esa virtud» que es característica de los pequeños, es decir «el temor del Señor». Él «caminará con el temor del Señor». Pero cuidado, especificó inmediatamente: temor del Señor no significa «miedo». Quiere decir, por el contrario, llevar a la propia vida «el mandamiento que Dios ha dado a nuestro padre Abraham: “Camina en mi presencia y se irreprensible”». Y todo esto significa «humildad. El temor del Señor es humildad». Por eso «solamente los pequeños son capaces de entender plenamente el sentido de la humildad, el sentido del temor del Señor, porque caminan ante el Señor, siempre»: ellos, efectivamente, «se sienten observados por el Señor, custodiados por el Señor; sienten que el Señor está con ellos, que les da la fuerza para seguir adelante».

Los pequeños, continuó el Papa, entienden que son «un pequeño retoño de un tronco muy grande», un retoño sobre el cual «viene el Espíritu Santo». Encarnan así «la humildad cristiana» que les lleva a reconocer: «tú eres Dios, yo soy una persona, yo sigo adelante así, con las pequeñas cosas de la vida, pero caminando en tu presencia e intentando ser irreprensible».

Es esta «la verdadera humildad», no cierto «la humildad un poco de teatro», no la ostentada por aquel «que decía: “yo soy humilde, pero orgulloso de serlo”». La humildad del pequeño, quiso precisar el Papa, es, la de quien «camina ante la presencia del señor, no habla mal de los demás, mira solamente el servicio, se siente el más pequeño… está ahí, la fuerza». Un ejemplo claro, añadió, nos puede venir si pensamos en Nazaret: «Dios, para enviar a su Hijo, mira una chica humilde, muy humilde, que inmediatamente hace un viaje para ayudar a una prima que lo necesitaba y no dice nada de lo que había ocurrido». La humildad es así: «es caminar en la presencia del Señor, feliz, alegre porque esta es la alegría de los humildes: ser mirados por el Señor». Por eso, para hacer nuestro esa actitud de exultancia en la alabanza de la cual habla el Evangelio refiriéndose a Jesús, «es necesario tener mucha humildad» y recordar siempre que «la humildad es un don, un don del Espíritu Santo». Es lo que llamamos «el don del temor de Dios». Un don, concluyó el Pontífice, que hay que pedir al Señor: «Mirando a Jesús que exulta en la alegría porque Dios revela su misterio a los humildes, podemos pedir para todos nosotros la gracia de la humildad, la gracia del temor de Dios, del caminar en su presencia intentando ser irreprensibles». Un don que nos ayudará a «ser vigilantes en la oración, laboriosos en la caridad fraterna y exultantes de alegría en la alabanza».

Fuente: L’Osservatore Romano

Una grave injusticia

No obstante «el progreso técnico científico ha llegado tan lejos, haya niños analfabetos. Es una condición muy injusta que afecta a la misma dignidad de la persona».Es una auténtica denuncia la del Papa en la audiencia general del miércoles 23 de noviembre.

Prosiguiendo en el Aula Pablo VI la catequesis sobre las obras de misericordia, el Pontífice se detuvo esta semana sobre las espirituales referidas al aconsejar a los dudosos y enseñar a los ignorantes. «Acciones muy unidas entre sí» –explicó– ambas «se pueden vivir sea en una dimensión simple, familiar, al alcance de todos, que desde un plano más institucional, organizado», especialmente «la segunda, la de enseñar». A propósito el Pontífice invitó a pensar en «en cuántos niños sufren todavía el analfabetismo, la falta instrucción».

Es una condición, aclaró, a causa de la cual «convierte fácilmente en presa de la explotación y de varias formas de malestar social». Por eso «la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sentido la exigencia de esforzarse en el ámbito de la instrucción». Desde el primer ejemplo – recordó Francisco – de una «escuela» fundada precisamente aquí en Roma por san Justino, en el II siglo, para que los cristianos conocieran la Sagrada Escritura, hasta san José de Calasanz, que abrió las primeras escuelas públicas gratuitas de Europa, tenemos una larga lista de santos y santas que en varias épocas han llevado instrucción a los más desfavorecidos, sabiendo que por este camino habrían podido superar la miseria y las discriminaciones». Hasta el punto que, añadió, muchos «cristianos laicos hermanos y hermanas consagradas, sacerdotes han dado su propia vida por la instrucción, por la educación de los niños y los jóvenes». Y ya que «esto es grande», el Papa invitó a los fieles presentes a rendir homenaje a los santos de la instrucción católica con un gran aplauso. Además, continuó, «estos pioneros de la instrucción habían comprendido a fondo la obra de misericordia y habían hecho de ello un estilo de vida tal hasta el punto de transformar la misma sociedad. A través de un trabajo simple y pocas estructuras supieron devolver la dignidad a muchas personas. Y la instrucción que impartían a menudo estaba orientada también hacia el trabajo». Como san Juan Bosco, puso en evidencia el Papa citando la obra, «que preparaba para trabajar a chicos de la calle. És así como surgieron muchas y diversas escuelas profesionales». que habilitaban para trabajar mientras educaban con valores humanos y cristianos.

Por lo que se refiere a «la obra de misericordia de aconsejar a los dudosos», el Papa explicó que consiste en «aliviar ese dolor y ese sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son las consecuencias de la duda». Y después de confesar que él mismo tiene muchas dudas, porque «en algunos momentos a todos nos entran dudas», subrayó cómo «las dudas que tocan la fe, en sentido positivo», sean «una señal de que queremos conocer mejor y más a fondo a Dios, Jesús, y el misterio de su amor». Por lo que, concluyó, son «dudas que hacen crecer».

Fuente: L’Osservatore Romano