Francisco en Perú: el reflejo de una fe histórica

El Perú ha demostrado que es un país con una fuerte presencia católica. Desde el último jueves 18 hasta el domingo 21 de enero multitudes innumerables de personas concurrieron a los lugares que iba a recorrer el Papa Francisco para acompañarlo en los momentos de su visita o, en el caso de muchos, simplemente ver pasar por nuestras calles al sucesor de San Pedro.

Cada instante que vivió nuestro país mientras duró la visita ha emocionado y conmovido a la población en general que estuvo atenta a las palabras y gestos del Sumo Pontífice durante su recorrido por Puerto Maldonado, Trujillo y Lima.

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Los potentes mensajes que ha transmitido sobre el cuidado de la vida humana, el respeto por la creación, el resguardo de las culturas y pueblos originarios, el valor de la dignidad personal, entre otras cosas, han sido un llamado profundo a que todos vivan un cristianismo intenso y coherente para progresar como sociedad.

A las autoridades civiles y eclesiales les hizo un llamado para que tengan siempre presente a su pueblo, a la gente que lideran, evitando aquellas actitudes que reflejan el desinterés o el mal de la corrupción.

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Pero el gran momento que reflejó la fe peruana, que superó todas las expectativas expuestas, fue la Santa Misa en la Base Aérea en las Palmas, miles de personas se reunieron desde la madrugada para compartir la mesa Eucarística junto al Santo Padre.

Como no era para menos, Francisco nos invitó a conservar siempre la esperanza, mantener la unidad y así todos juntos llegar a la santidad, que eso merece nuestro país, domo dijo el Santo Padre, que de nuestras tierras salgan “los santos del siglo XXI”.

Texto y fotos: Equipo Web Óbolo de San Pedro – Renzo Chávez

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Francisco en Perú: Las emociones en Lima

El Perú es un país de historia, y como tal, reconoce los acontecimientos que la escriben, por ello, los peruanos viven de cerca la visita pastoral del Papa Francisco en nuestro territorio nacional.

Lima, capital peruana, se ha convertido en el centro de las emociones y grandes manifestaciones de alegría por la presencia del Santo Padre. Lo vivido este viernes 19 lo demostró.

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En la Plaza de Armas y en los exteriores de la iglesia San Pedro -de los jesuitas- los centenares de personas, contenidas por los cordones policiales que resguardaban el orden, estaban reunidos con un solo sentimiento de entusiasmo.

Entre cantos, arengas, imágenes y banderines, los seguidores de Francisco reflejaban la desbordante emoción por la presencia del Santo Padre, emoción que estallaba en un grito incontenible al verlo pasar cerca bendiciendo al Pueblo de Dios.

Foto y textos: Web Óbolo de San Pedro – Renzo Chávez L

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Francisco en Perú: La gran bienvenida en Lima

La llegada del Papa Francisco al Perú es un acontecimiento histórico de gran importancia para nuestro país. Por prolongadas horas de la tarde de este jueves 18 de enero Lima estuvo literalmente paralizada, pues todos estaban congregados en las avenidas que recorrería el Santo Padre.

Desde su llegada al Grupo Aéreo Nro. 8 a las 4:45 de la tarde, hasta alrededor de dos horas más, la capital del Perú estuvo en el centro del mundo, pues todos los medios de comunicación transmitían el recorrido del Sumo Pontífice por nuestras principales avenidas, mientras recibía el inmenso cariño y la ovación de los miles de fieles que inundaron las calles.

1 - Papa en FaucettY no era para menos, a lo largo de la avenida Brasil, que recorrió completa en el papamóvil, se veían grandes manifestaciones de fe, no solo con los colores distintitos del Vaticano en banderas y banderines que contrastaban con los colores peruanos, sino también con la presencia de imágenes de santos y advocaciones marianas, alrededor de las que se reunían decenas de personas.

Ya en la Nunciatura Apostólica, en el distrito de Jesús María, tuvo una apoteósica recepción por los cientos de jóvenes de la Guardia del Papa que estaban esperándolo desde tempranas horas.6 - paso del Papa Francisco Papamóvil.jpg

 

El equipo web de la delegación nacional del Óbolo de San Pedro estuvo presente en uno de los puntos más concurridos de espera para presenciar el paso del Papa por las calles de Lima. De esa forma, iniciamos días de intenso trabajo con la cobertura presencial de los actos que realice en la capital, así como la información más completa sobre los actos en Puerto Maldonado y Trujillo.

Texto y fotos: Equipo web Óbolo de San Pedro

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Paz y esperanza compartidas

Compartir el anuncio de la paz y confirmar en la esperanza: será este el sentido del viaje que el Papa va a realizar a Chile y Perú del 15 al 22 de enero. Lo subrayó el mismo Francisco en un videomensaje enviado a las poblaciones de los dos países latinoamericanos. «Deseo encontrarme con ustedes, mirarlos a los ojos, ver sus rostros y poder entre todos experimentar la cercanía de Dios, su ternura y misericordia» explica el Pontífice. Además, hace notar, «conozco la historia de sus países, fraguada con tesón, entrega» y «el amor que ustedes tienen hacia aquellos que están descartados de la sociedad». Por esto, concluye, «pongo en las manos de la Virgen Santa, Madre de América, este Viaje Apostólico».

Hermanos y hermanas de Chile y Perú:

Ante la proximidad de mi Viaje a esas tierras los saludo afectuosamente. Voy hacia ustedes como peregrino de la alegría del Evangelio, para compartir con todos «la paz del Señor» y «confirmarlos en una misma esperanza». Paz y esperanza, compartidas entre todos.

Deseo encontrarme con ustedes, mirarlos a los ojos, ver sus rostros y poder entre todos experimentar la cercanía de Dios, su ternura y misericordia que nos abraza y consuela.

Conozco la historia de sus países, fraguada con tesón, entrega. Deseo, con ustedes, dar gracias a Dios por la fe y el amor a Dios y a los hermanos más necesitados, especialmente por el amor que ustedes tienen hacia aquellos que están descartados de la sociedad. La cultura del descarte cada vez nos ha invadido más. Quiero hacerme partícipe de las alegrías de ustedes, las tristezas, de sus dificultades y esperanzas, y decirles que no están solos, que el Papa está con ustedes, que la Iglesia entera los acoge, que la Iglesia los mira.

Con ustedes deseo experimentar la paz que viene de Dios, tan necesaria; solo Él nos la puede dar. Es el regalo que Cristo nos hace a todos, el fundamento de nuestra convivencia y de la sociedad; la paz se sostiene en la justicia y nos permite encontrar instancias de comunión y armonía. Hay que pedirla constantemente al Señor y el Señor la da. Es la paz del Resucitado que trae la alegría y nos impulsa para ser misioneros, reavivando el don de la fe que nos lleva al encuentro, a la comunión compartida de una misma fe celebrada y entregada.

Ese encuentro con Cristo resucitado nos confirma en la esperanza. No queremos estar anclados a las cosas de este mundo, nuestra mirada va mucho más allá, nuestros ojos están puestos en Su misericordia que cura nuestras miserias. Solo Él nos da el empuje para levantarnos y seguir. Palpar esta cercanía de Dios nos hace comunidad viva que es capaz de conmoverse con los que están a nuestro lado y dar pasos firmes de amistad y de fraternidad. Somos hermanos que salimos al encuentro de los demás para confirmarnos en una misma fe y esperanza.

Pongo en las manos de la Virgen Santa, Madre de América, este Viaje Apostólico y todas las intenciones que llevamos en nuestro corazón, para que sea ella, como buena Madre, quien las acoja y nos enseñe el camino hacia su Hijo.

¡Hasta muy pronto! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Hasta pronto!

Fuente: L’Osservatore Romano

Difícil pero apasionante

«No será un viaje sencillo, sino realmente apasionante», en el cual, entre otros, se afrontarán temas significativos como el rol «de las poblaciones indígenas dentro de las sociedades» y la plaga «de la corrupción que impide el desarrollo». A pocos días de la partida del Papa Francisco a Chile y Perú, el cardenal Pietro Parolon sintetiza así la visita del Pontífice a dos Iglesias locales «particularmente vivaces» y llamadas «a afrontar numerosos desafíos frente a la realidad del mundo de hoy». En una entrevista publicada online en Vatican News ( http://www.vaticannews.va) la mañana del jueves 11 de enero, al micrófono de Alessandro Gisotti, el secretario de Estado habla no solo sobre el inminente viaje apostólico, sino también de las perspectivas de un 2018 que verá continuar el proceso de reforma de la Curia y que, con los encuentros sinodales y el encuentro mundial de Dublín, será un año de juventud y familia.

Será, afirma el cardenal, «un año caracterizado precisamente por una especial concentración de la atención de la Iglesia a todos sus niveles sobre los jóvenes, por tanto sobre sus expectativas, sus aspiraciones, los desafíos que deben afrontar y también sobre las esperanzas que llevan consigo, como sobre las debilidades y los miedos». Una Iglesia que busca «una nueva relación», que evita «todo paternalismo» y que más bien solicita «responsabilidad». Y que, dice el cardenal Parolin parafraseando una conocida expresión de John Fitzgerald Kennedy, pregunte a los jóvenes no solo qué pueda hacer por ellos, sino también «qué pueden hacer ellos por la Iglesia, qué contribución pueden dar al Evangelio, a la difusión del Evangelio de hoy». La Iglesia, es decir, quiere inaugurar un nuevo diálogo: entender a los jóvenes, ayudarles, pero sobre todo hacerles protagonistas. Y, concluye, «creo que en esta invitación sabrán responder con su generosidad y también con su entusiasmo».

El tema de los jóvenes lleva consigo, casi consecuentemente, el de la familia. Ámbito en el cual, subraya el purpurado, el Papa Francisco está igualmente tratando de llevar adelante «un nuevo paradigma»: se trata de comprender plenamente «el nuevo espíritu», el «nuevo enfoque» surgido de la celebración de los últimos dos sínodos y de la publicación de Amoris laetitia. Ciertamente — explica el secretario de Estado, al preguntarle sobre el debate suscitado en el mundo católico precisamente por la exhortación apostólica — «todo cambio conlleva siempre dificultades»; pero estas «son consideradas y afrontadas con compromiso, para encontrar respuestas que se conviertan en momentos de ulterior crecimiento, de ulterior profundización». Y la celebración de la Jornada mundial de las familias, el próximo agosto en Dublín, será útil precisamente en esta perspectiva. Se trata en el fondo, añade el purpurado, de comprender que «Amoris laetitia, además de ser un abrazo que la Iglesia hace a la familia y a sus problemáticas en el mundo de hoy, para ayudar realmente a encarnar el Evangelio», es al mismo tiempo «también una petición de ayuda a las familias para que colaboren y contribuyan al crecimiento de la Iglesia».

Llegar a la encarnación del Evangelio en la vida cotidiana y a la evangelización para el testimonio es, de hecho, el hilo conductor que acompaña las reflexiones del cardenal Parolin. Es el objetivo predominante en el razonamiento hecho sobre los jóvenes, sobre las familias, pero también el que surge en la respuesta a una pregunta sobre el futuro del proceso de la reforma de la Curia. Al respecto, más que detenerse en los cambios estructurales o la promulgación de nuevas leyes, normativas o nombramientos, el secretario de Estado subraya «el espíritu profundo que debe animar toda reforma de la Curia», que es «la dimensión fundamental de la vida cristiana, es decir de la conversión». Es necesario, añade, «hacer que la Curia — cada vez más y cada vez mejor, quitando también esas sombras que pueden obstaculizar este compromiso y esta misión — pueda convertirse realmente en una ayuda al Papa para anunciar el Evangelio, para testimoniar el Evangelio, para evangelizar el mundo de hoy».

El Pontífice estará en Chile del 15 al 18 de enero y después en Perú del jueves 18 al domingo 21. «El Papa — dice al respecto el purpurado — va como pastor de la Iglesia universal para encontrar a las Iglesias locales». Dos enteros países esperan a Francisco que, subraya el secretario de Estado, tiene «en el corazón» los desafíos a los cuales estos están llamados. No por casualidad, concluye, ha convocado también, para el 2019, un sínodo sobre el Amazonas, y vuelve continuamente «con palabras también muy marcadas» sobre temas candentes como el de la corrupción, obstáculo fundamental para «la superación de la pobreza y la miseria».

Fuente: L’Osservatore Romano

La liturgia es escuela de oración

La liturgia enseña a rezar. Los gestos, las palabras, y también los silencios de la misa, custodiados por la Iglesia a través de los siglos, son, de hecho, una verdadera y auténtica «escuela de oración» para cada cristiano. Lo subrayó el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 10 de enero durante la cual, en el Aula Pablo VI, continuó las catequesis sobre la importancia de la celebración eucarística, deteniéndose de manera particular en el himno Gloria y en la oración colecta.

Respecto al «alegre anuncio del abrazo entre cielo y tierra» expresado en el Gloria -eco del «canto de los ángeles en el nacimiento de Jesús»- Francisco explicó que se trata de una verdadera y auténtica explosión de «gratitud». La cual, después del acto penitencial, brota «del encuentro entre la miseria humana y la misericordia divina».

Pero es sobre la oración sucesiva, la oración «denominada “colecta”», que el Papa habló durante más tiempo, añadiendo, como habitualmente, algunos consejos prácticos con el fin de que cada fiel pueda vivir con plenitud el misterio eucarístico. Esto, puntualizó, en pocas líneas sintetiza «el carácter propio de la celebración» y hace, «de hecho la “colecta” de las intenciones de la misa. La liturgia, de hecho, no está nunca separada de la vida cotidiana: «Tal vez -dijo el Pontífice- venimos de días de cansancio, de alegría, de dolor, y queremos decírselo al Señor, invocar su ayuda». Y la colecta, observó Francisco, prevé un «momento de silencio» que hay que respetar completamente. De hecho, «el silencio ayuda a recogerse en nosotros mismos y a pensar en por qué estamos allí», para « escuchar nuestro ánimo para abrirlo después al Señor». Tiempo breve, pero valioso, durante el que los sacerdotes -como recomendó «vivamente» el Pontífice -no veden«ir deprisa», porque de otra manera «corremos el riesgo de descuidar el recogimiento del alma».

Por el resto, a la«escuela» de la liturgia, el cristiano aprende que «el silencio no se reduce a la ausencia de palabras»; al contrario,«a la disposición a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo».

Fuente: L’Osservatore Romano

Tener en consideración las pequeñas cosas

Como una madre y como un padre, que se hace llamar tiernamente con un nombre cariñoso, Dios está ahí cantando al hombre una canción de cuna, tal vez poniendo voz de niño para estar seguro de ser comprendido y sin temor de volverse incluso «ridículo», porque el secreto de su amor es «el grande que se vuelve pequeño». Este testimonio de paternidad —de un Dios que pide a cada uno mostrarle sus llagas para poder curarlas, precisamente como hace un padre con un hijo— fue relanzado por el Papa Francisco en la misa celebrada el jueves 14 de diciembre en Santa Marta.

Inspirándose en la primera lectura, extraída «del libro del consuelo de Israel del profeta Isaías» (41, 13-20), el Pontífice señaló inmediatamente como en ella se subraya «un rasgo de nuestro Dios, un rasgo que es la propia definición de Él: la ternura». Además, añadió, «lo hemos dicho» también en el salmo 144: «sus ternuras sobre todas sus obras».

«Este pasaje de Isaías —explicó— comienza con la presentación de Dios: “Porque yo Yahveh, tu Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: No temas, yo te ayudo”» . Pero «una de las primeras cosas que impresiona de este texto» es cómo Dios «te lo dice»: «No temas, gusano de Jacob, gente de Israel». En sustancia, afirmó el Papa, Dios «habla como el padre al hijo». Y, de hecho, señaló «cuando el padre quiere hablar al hijo empequeñece la voz y también busca hacerla más parecida a la del niño». Es más, «cuando el padre habla con el hijo parece que hace el ridículo, porque se vuelve niño: esto es la ternura».

Por eso, continuó el Pontífice, «Dios nos habla así, nos acaricia así: “No temas, gusano, larva, pequeño”». De tal modo que «parece que nuestro Dios quiera cantarnos una canción de cuna». Y, aseguró, «nuestro Dios es capaz de esto, su ternura es así: es padre y madre».

Por el resto, afirmó Francisco, «tantas veces dijo: “Si una madre se olvida del hijo, yo no te olvidaré”. Nos lleva en sus entrañas». Por lo tanto, «es el Dios que con este diálogo se hace pequeño para hacernos entender, para hacer que tengamos confianza en Él y podamos decirle con la valentía de Pablo que cambia la palabra y dice: “Padre, Abbá, Padre». Y esta es la ternura de Dios».

Estamos, explicó el Papa, frente a «uno de los misterios más grandes, es una de las cosas más hermosas: nuestro Dios tiene esta ternura que nos acerca y los salva con esta ternura». Claro, continuó, «nos castiga a veces, pero nos acaricia». Es siempre «la ternura de Dios». Y Él es el grande: “No temas, yo te ayudo, tu redentor es el santo de Israel”». Y así «es el Dios grande que se hace pequeño y en su pequeñez no deja de ser grande y en esta dialéctica grande es pequeño: es la ternura de Dios, el grande que se hace pequeño y el pequeño que es grande».

«La Navidad nos ayuda a entender esto: en ese pesebre el pequeño Dios», reafirmó Francisco, confiando: «Me viene a la mente una frase de santo Tomás, en la primera parte de la Summa Theologiae. Queriendo explicar esto “¿qué es divino? ¿Qué es lo más divino?” dice: Non coerceri a maximo contineri tamen a minimo divinum est». O sea: lo que es divino es tener ideales que no estén limitados ni siquiera por lo más grande, sino ideales que estén al mismo tiempo contenidos y vividos en las cosas más pequeñas de la vida. En sustancia, explicó el Pontífice, es una invitación a «no asustarse de las cosas grandes, sino a tener en consideración las cosas pequeñas: esto es divino, las dos juntas». Y esta frase los jesuitas la conocen bien porque «fue tomada para hacer una de las lápidas de san Ignacio, como para describir también esa fuerza de san Ignacio y también su ternura».

«Es Dios grande que tiene la fuerza de todo —afirmó el Papa refiriéndose de nuevo al pasaje de Isaías— pero se empequeñece para hacerse cercano y allí nos ayuda, nos promete cosas: “He aquí que te he convertido en trillo nuevo, de dientes dobles. Triturarás los montes y los desmenuzarás y los cerros convertirás en tamo. En el santo de Israel te gloriarás”». Estas son «todas las promesas para ayudarnos a ir adelante: “Yo, Dios de Israel, no los desampararé”».

«¡Pero qué bonito es —exclamó Francisco— hacer esta contemplación de la ternura de Dios! Cuando nosotros queremos pensar solo en el Dios grande, pero olvidamos el misterio de la encarnación, esa aceptación de Dios entre nosotros viene a nuestro encuentro: el Dios que no solo es padre sino que es papá».

A este respecto, el Papa sugirió algunas líneas de reflexión para un examen de conciencia: «¿Yo soy capaz de hablar con el Señor así o tengo miedo? Que cada uno responda. Pero alguno puede decir, puede preguntar: ¿Pero cuál es el lugar teológico de la ternura de Dios? ¿Dónde se puede encontrar bien la ternura de Dios? ¿Cuál es el lugar donde se manifiesta mejor la ternura de Dios?». La respuesta, señaló Francisco, es «la llaga: mis llagas, tus llagas, cuando mi llaga se encuentra con su llaga. En sus llagas fuimos sanados».

«Me gusta pensar —confió el Pontífice volviendo a proponer los contenidos de la parábola del buen samaritano— en lo que sucedió a ese pobre hombre que había caído en las manos de los bandidos en el camino de Jerusalén a Jericó, en lo que ocurrió cuando el recobró la conciencia y se encuentra sobre la cama. Preguntó seguramente al posadero: “¿Qué ha sucedido?”, el pobre hombre le contó: “Has sido bastoneado, has perdido el conocimiento” —“Pero, ¿por qué estoy aquí? —“Porque vino uno que limpió tus llagas. Te curó. Te trajo aquí. Pagó la pensión y dijo que volverá para ajustar las cuentas si hay que pagar algo más”».

Precisamente «este es el lugar teológico de la ternura de Dios: nuestras llagas», afirmó el Papa. Y, por lo tanto, «¿qué nos pide el Señor? “Pero vamos, venga, venga: enséñame tu llaga, enséñame tus llagas. Yo quiero tocarlas. Yo quiero sanarlas”». Y es «ahí, en el encuentro de nuestra llaga con la llaga del Señor donde está el precio de nuestra salvación, ahí está la ternura de Dios».

En conclusión, Francisco sugirió pensar en todo esto «hoy, durante la jornada y busquemos sentir esta invitación del Señor: “Venga, venga: enséñame tus llagas. Yo quiero sanarlas”».

Fuente: L’Osservatore Romano