Los que escandalizan

De las pequeñas y grandes «incoherencias de todos los días» —las que se ven también en las iglesias o son cometidas por cristianos que en el mundo del trabajo dan «escándalo»— el Papa Francisco advirtió en la misa celebrada el lunes 13 de noviembre en Santa Marta.

«Jesús empieza este pasaje del Evangelio —hizo presente enseguida refiriéndose al pasaje litúrgico del Evangelio de Lucas (17, 1-6)— con una constatación de buen sentido: “Es inevitable que haya escándalos”». Y de hecho «es inevitable» indicó Francisco: escándalos «hay, habrá». Pero Jesús hace «una advertencia que es constatación y advertencia» al mismo tiempo: «Ay de aquel por quien vienen» los escándalos.

Por tanto el Señor lanza «una advertencia fuerte» y va también «más allá», añadiendo: «Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños». Pero no termina aquí, observó el Pontífice. El Señor de hecho «dirigiéndose a los suyos dice: “cuidaos de vosotros mismos”; es decir, estad atentos de no escandalizar». Explicó el Papa que «el escándalo es feo porque hiere la vulnerabilidad del pueblo de Dios, hiere la debilidad del pueblo de Dios, y muchas veces estas heridas se llevan para toda la vida». Es más, el escándalo, explicó el Papa, «no solo hiere» sino que «es capaz de matar: matar esperanzas, matar ilusiones, matar familias, matar muchos corazones».

El escándalo es «un tema sobre el cual Jesús volvía» a menudo, precisó el Pontífice. Por ejemplo «después de una predicación había dicho: “Beatos aquellos que no se escandalizan de mí”». Porque «él tenía cuidado de no escandalizar». E, incluso, «cuando era el momento de pagar las tasas, para no “escandalizar” dice a Pedro: “Ve al mar, pesca un pez, toma la moneda que tiene en la boca y paga por ti y por mí”». Siempre «para no escandalizar», Jesús advierte también: «Si tu mano es motivo de escándalo, córtala». Y después, de nuevo, «a Pedro, cuando está delante de la cruz, del proyecto de la cruz, trata de convencerlo de tomar otro camino, no hace tantos matices: “Aléjate de mí, quieres hacerme tropezar, escándalo eres para mí”».

«Jesús en esto es muy preciso» explicó Francisco. Y «a nosotros, a todos» da «esta advertencia: “¡estad atentos de vosotros mismos!”». Porque «está el escándalo del pueblo de Dios, de los cristianos, cuando un cristiano, diciéndose cristiano, vive como pagano». Por otro lado, afirmó el Papa, «cuántas veces en nuestras parroquias hemos escuchado gente que dice: “No, yo a la Iglesia no voy porque ese o esa que está todo el día encendiendo las velas allí dentro, después sale, habla mal de los otros, siembra cizaña…”».

Y «cuántos cristianos —constató el Pontífice— alejan a la gente con su ejemplo, con su incoherencia: la incoherencia de los cristianos es una de las armas más fáciles que tiene el diablo para debilitar al pueblo de Dios y para alejar al pueblo de Dios del Señor». Es el estilo de «decir una cosa y hacer otra». Precisamente «eso que Jesús decía al pueblo sobre los doctores de ley: “Haced lo que ellos dice, no hagáis lo que hacen”». Esto es «la incoherencia».

Al respecto, el Papa no dejó de sugerir «preguntarse hoy, cada uno de nosotros: ¿cómo es mi coherencia de vida?». En mi vida hay «¿coherencia con el Evangelio, coherencia con el Señor?». Preguntarse, por tanto, «si por mi incoherencia soy motivo de escándalo para los otros».

E incoherente, explicó el Pontífice, es también el cristiano que dice: «Yo voy todos los domingos a misa, soy de acción católica o de esta asociación o de la otra, pero pago en negro a mis trabajadores o hago un contrato de septiembre a junio” — “¿Y julio y agosto?” — “¡arréglatelas querido!”». Precisamente estas son las «incoherencias de todos los días». Pero son motivo de escándalo también «los cristianos empresarios que no pagan lo justo» y se aprovechan «de la gente para enriquecerse».

Cierto, prosiguió Francisco, «después podemos preguntarnos sobre el escándalo de los pastores, porque en la Iglesia estamos también nosotros pastores». El profeta Jeremías, «hablaba de este “ay de vosotros”» refiriéndose precisamente a los «pastores que explotan a la gente, explotan a las ovejas, para enriquecerse buscan la leche o la lana, así dice Jeremías, para vestirse y por la vanidad, pero no cuidan a las ovejas».

Después está también «el escándalo del pastor que empieza, por ejemplo, a alejarse de la gente: el pastor lejano». Sin embargo «Jesús nos enseña que el pastor debe ser cercano y cuando el pastor se aleja escandaliza: es un “señor”». De hecho, «Jesús nos dice que no se puede servir a dos señores, Dios y el dinero: cuando el pastor es uno aferrado al dinero, escandaliza». Y «la gente se escandaliza» viendo «al pastor aferrado al dinero», reiteró el Pontífice. Por esta razón «cada pastor debe preguntarse: ¿cómo es mi amistad con el dinero?».

Está, además, el escándalo del «pastor que trata de ir arriba: la vanidad lo lleva a trepar, en vez de ser manso, humilde, porque la mansedumbre y la humildad favorecen la cercanía al pueblo». O también el escándalo del «pastor que se siente “señor” y manda a todos, orgulloso, y no el pastor servidor del pueblo de Dios».

Se podría continuar sobre estas cosas, afirmó Francisco. Lo recuerda «Jeremías, y también san Agustín toma este» pensamiento «de Jeremías y hace un largo discurso sobre los pastores». Y así se podría ir adelante, dijo el Papa, «pero esto, creo, para hoy será suficiente para preguntarnos, cada uno de nosotros: ¿escandalizo como cristiano, como cristiana, como pastor? ¿Escandalizo? ¿Hiero la vulnerabilidad de mi pueblo? ¿En vez de atraer al pueblo, de hacerlo uno, de hacerlo feliz, de dar la paz, la consolación, lo expulso porque yo me siento un pastor “señor” o mi siento un cristiano más importante que tú?».

No hay que olvidar la advertencia de Jesús a los discípulos: «¡Estad atentos a vosotros mismos!». Es así como, concluyó Francisco, «hoy puede ser un bonito día para hacer un examen de conciencia sobre esto: ¿escandalizo o no y cómo?». Y «así podemos responder al Señor y acercarnos un poco más a él».

Fuente: L’Osservatore Romano

Paz estable para Tierra santa

El status quo de Jerusalén debe ser «defendido y preservado» para que la ciudad santa se convierta en «un lugar donde todos pudieran vivir juntos pacíficamente»; de lo contrario «la espiral del sufrimiento continuará para todos y sin fin». Es el llamamiento lanzado por el Papa Francisco durante la audiencia al patriarca greco ortodoxo Teófilo III, recibido el lunes por la mañana, 23 de octubre, en la Biblioteca privada del Palacio apostólico en el Vaticano.

En el ámbito de la visita que está teniendo lugar estos días en Roma, el patriarca se reunió con el Pontífice, con el que se detuvo antes en una conversación privada. Después la audiencia prosiguió con el intercambio de los discursos y los regalos. Al finalizar Francisco invitó a la comida en Santa Marta al patriarca con su séquito.

Dirigiendo a Teófilo una calurosa bienvenida y recordando el precedente encuentro desarrollado durante la visita a Jerusalén, en mayo del 2014, el Papa aprovechó la ocasión para renovar su cercanía «a todos aquellos que sufren por los conflictos que azotan desde hace décadas la Tierra Santa». Donde, constató, «la incertidumbre de la situación y la falta de entendimiento entre las partes siguen causando inseguridad, restricción de los derechos fundamentales y abandono de la propia tierra por parte de muchos». De aquí la petición dirigida «a todos los sujetos involucrados que redoblen sus esfuerzos para crear las condiciones de una paz estable basada en la justicia y el reconocimiento de los derechos de todos». Con este fin, «se debe rechazar con firmeza el recurso a cualquier tipo de violencia, a cualquier tipo de discriminación y a todas las manifestaciones de intolerancia contra las personas o lugares de culto judíos, cristianos y musulmanes».

Un «pensamiento especial» ha dirigido el Pontífice a los miembros de las distintas comunidad cristinas de Tierra Santa, deseando «siempre sean reconocidos como parte integrante de la sociedad y que, como ciudadanos y creyentes de pleno derecho, sean incansables en su contribución al bien común y a la construcción de la paz, comprometiéndose a ser artífices de la reconciliación y la armonía». Del Papa también un nuevo llamamiento a «avanzar en el camino hacia la plena unidad» a pesar de las «heridas del pasado»: no hacerlo, advirtió, «sería la culpa más grave de hoy, sería no tener en cuenta la urgente invitación de Cristo y los signos de los tiempos que el Espíritu siembra en el camino de la Iglesia».

Fuente: L’Osservatore Romano

Paz estable para Tierra santa

El status quo de Jerusalén debe ser «defendido y preservado» para que la ciudad santa se convierta en «un lugar donde todos pudieran vivir juntos pacíficamente»; de lo contrario «la espiral del sufrimiento continuará para todos y sin fin». Es el llamamiento lanzado por el Papa Francisco durante la audiencia al patriarca greco ortodoxo Teófilo III, recibido el lunes por la mañana, 23 de octubre, en la Biblioteca privada del Palacio apostólico en el Vaticano.

En el ámbito de la visita que está teniendo lugar estos días en Roma, el patriarca se reunió con el Pontífice, con el que se detuvo antes en una conversación privada. Después la audiencia prosiguió con el intercambio de los discursos y los regalos. Al finalizar Francisco invitó a la comida en Santa Marta al patriarca con su séquito.

Dirigiendo a Teófilo una calurosa bienvenida y recordando el precedente encuentro desarrollado durante la visita a Jerusalén, en mayo del 2014, el Papa aprovechó la ocasión para renovar su cercanía «a todos aquellos que sufren por los conflictos que azotan desde hace décadas la Tierra Santa». Donde, constató, «la incertidumbre de la situación y la falta de entendimiento entre las partes siguen causando inseguridad, restricción de los derechos fundamentales y abandono de la propia tierra por parte de muchos». De aquí la petición dirigida «a todos los sujetos involucrados que redoblen sus esfuerzos para crear las condiciones de una paz estable basada en la justicia y el reconocimiento de los derechos de todos». Con este fin, «se debe rechazar con firmeza el recurso a cualquier tipo de violencia, a cualquier tipo de discriminación y a todas las manifestaciones de intolerancia contra las personas o lugares de culto judíos, cristianos y musulmanes».

Un «pensamiento especial» ha dirigido el Pontífice a los miembros de las distintas comunidad cristinas de Tierra Santa, deseando «siempre sean reconocidos como parte integrante de la sociedad y que, como ciudadanos y creyentes de pleno derecho, sean incansables en su contribución al bien común y a la construcción de la paz, comprometiéndose a ser artífices de la reconciliación y la armonía». Del Papa también un nuevo llamamiento a «avanzar en el camino hacia la plena unidad» a pesar de las «heridas del pasado»: no hacerlo, advirtió, «sería la culpa más grave de hoy, sería no tener en cuenta la urgente invitación de Cristo y los signos de los tiempos que el Espíritu siembra en el camino de la Iglesia».

Fuente: L’Osservatore Romano

Una nueva conciencia civil

Solo «una nueva conciencia civil» puede llevar a «una auténtica liberación de las mafias». Lo afirmó el Papa en el discurso a los parlamentarios italianos de la Comisión antimafia, recibidos junto con los familiares el jueves, 21 de septiembre, por la mañana en la Sala Clementina. Recordando a quienes «en Italia han pagado con la vida su lucha contra las mafias» -en particular Livatino, Falcone y Borsalino- el Pontífice denunció el fenómeno de la corrupción e invocó una «mayor justicia social» para garantizar derechos y oportunidades. El Papa también expresó una fuerte denuncia a las finanzas sometidas a los tráficos criminales, como droga, armas, trata de personas, eliminación de residuos tóxicos, condicionamiento de contratos de grandes obras, juegos de azar o criminalidad organziada.

Fuente: L’Osservatore Romano

Evangelizar también significa educar

«Educar y acompañar a las nuevas generaciones a aprender los valores humanos y a cultivar una visión evangélica de la vida y de la historia»: es este el deber «urgente» que el Papa confió a los participantes en el capítulo general de los misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, recibidos en audiencia el sábado, 16 de septiembre por la mañana, en la Sala Clementina. Se trata, explicó el Pontífice, de «una de las fronteras de la misión evangelizadora de la Iglesia, hacia las cual toda la comunidad cristiana está invitada a derivar».

Fuente: L’Osservatore Romano

En diálogo con los jóvenes

En el medio de los jóvenes para escucharlos, aconsejarlos y animarlos a ser protagonistas de su vida. Ha sido un domingo particular el del Papa Francisco, que quiso pasar buena parte de la jornada del 17 de septiembre con los participantes en la fiesta «Giovaninsieme» (jóvenes juntos), un grupo de casi 550 chicos y chicas acompañados por hermanos menores de Las Marcas.

En torno a las 9:30 el Pontífice se dirigió a pie, directamente desde la vecina casa de Santa Marta, hasta el Aula Pablo VI, donde estaban reunidos los jóvenes. Después de los saludos y los regalos simbólicos ofrecidos, Francisco guió un momento de escucha de la palabra de Dios, con la lectura del salmo 121 y después el pasaje de los discípulos de Emaús, narrado en el Evangelio según San Lucas. Fue precisamente este el pasaje que dio al Papa el punto de partida para una catequesis. Reflexiones que llevó adelante improvisando, implicando de vez en cuando a los chicos con preguntas y provocaciones para incitarles a salir de sí mismos, a tomar de la mano sus vidas, a convertirse en artífices y protagonistas.

Antes del mediodía, el Pontífice dejó el Aula para el rezo del Ángelus. En la plaza, para escuchar su reflexión, dedicada al perdón y a la misericordia de Dios, también estuvieron sus jóvenes invitados, que después volvieron al Vaticano para el almuerzo. Francisco los alcanzó nuevamente en torno a las 15 horas y mantuvo con ellos un diálogo compuesto de preguntas y respuestas. Adolescentes, jóvenes y una familia se alternaron frente a él para pedir indicaciones y consejos sobre algunos temas importantes: la vida, la fe, la vocación, el amor o la familia. El entusiasmo festivo que caracterizó todo el encuentro cedió paso al silencio y los chicos escucharon atentos las palabras del pontífice. Y la consigna de Francisco, antes de terminar el encuentro en torno a las 16.20 fue clara: «¡Id por los caminos de la vida sin miedo! Con alegría y esperanza».