Francisco en Colombia: Mensaje a los jóvenes desde la catedral (TEXTO COMPLETO)

Queridos hermanos y hermanas;

Los saludo con gran alegría y les agradezco la calurosa bienvenida. «Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes» (Lc 10,5-6).

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Francisco en Colombia: Discurso en el encuentro con autoridades (TEXTO COMPLETO)

Señor Presidente,Miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático,Distinguidas Autoridades,

Representantes de la sociedad civil,Señoras y señores.

Saludo cordialmente al Señor Presidente de Colombia, Doctor Juan Manuel Santos, y le agradezco su amable invitación a visitar esta Nación en un momento particularmente importante de su historia; saludo a los miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático. Y, en ustedes, representantes de la sociedad civil, quiero saludar afectuosamente a todo el pueblo colombiano, en estos primeros instantes de mi Viaje Apostólico.

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Contra la esclavitud moderna

Una «plaga aberrante»: en la Jornada mundial contra la trata de personas, promovida por las Naciones Unidas, el Papa Francisco ha vuelto a denunciar la que define una «forma de esclavitud moderna».

Al finalizar el Ángelus del 30 de julio, después de haber comentado el evangelio dominical centrado en las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (Mateo 13, 44-52) el Pontífice quiso unirse a la iniciativa de la ONU, recordando que «cada año miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral y sexual y del tráfico de órganos». El Papa subrayó sobre todo la tendencia a minimizar el fenómeno. «Parece –dijo– que nos hemos acostumbrado tanto, que es considerada una cosa normal»; pero en realidad, añadió, todo «esto es feo, es cruel, es criminal». De aquí la invitación dirigida a los fieles presentes en la plaza de San Pedro y a todos los que estaban conectados a través de los medios de comunicación para rezar «junto a la Virgen María para que sostenga a las víctimas de la trata y convierta los corazones de los traficantes». Una exhortación resuena también en el tuit colgado en la cuenta @Pontifex: hago un llamamiento a todas las personas de fe y de buena voluntad para que luchen contra la esclavitud moderna en todas sus formas».

Para la ocasión también el presidente de la República italiana Sergio Mattarella intervino sobre el tema, recordando que este «crimen atroz e inaceptable se vuelve a asomar periódicamente en la historia de la humanidad y desafía nuestras conciencias».

Fuente: L’Osservatore Romano

Consistorio en la basílica vaticana

En la vigilia de la solemnidad de santos Pedro y Pablo, patrones de Roma y «columnas de la Iglesia», el Papa realizó el cuarto consistorio del pontificado para la creación de cinco cardenales. Se trata del maliense Jean Zerbo, arzobispo de Bamako; del español Juan José Omella Omella, arzobispo de Barcelona; del sueco Anders Arborelius, obispo de Estocolmo; del laosiano Luis Marie-Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Paksé, y del salvadoreño Gregorio Rosa Chávez, auxiliar de la archidiócesis de San Salvador.

Con los nuevos cardenales, y con otros purpurados, arzobispos y obispos, el Pontífice concelebró la mañana del jueves, 29 de junio, en la plaza de San Pedro la misa de la fiesta. Al inicio de la celebración, Francisco bendijo 36 palios destinados a arzobispos metropolitas.

Con los cinco de este miércoles, ascienden a 61 los cardenales creados por el Pontífice: 19 en el primer consistorio del 22 de febrero de 2014, después 20 en el segundo del 14 de febrero de 2015 y 17 en el tercero del 19 de noviembre de 2016. El consistorio de esta semana es el primero en el que Francisco no crea cardenales de más de ochenta años.

Los nuevos cardenales desarrollan su ministerio en diócesis de Europa, de África, de América Latina y de Asia. Con esta elección el Pontífice da un ulterior impulso a la internacionalización y al respiro universal del colegio cardenalicio. Y más del ochenta por ciento de los purpurados creados en cuatro años de Bergoglio son o han sido arzobispos y obispos de sedes residenciales dispersas por todo el mundo.

Fuente: L’Osservatore Romano

Abuelos llamados a soñar

«Abuelos llamados a soñar y dar nuestro sueño a la juventud de hoy» que «lo necesita». Es así que el Papa Francisco imagina el rol de los cardenales, en la vigilia del consistorio ordinario público en el que creará otros cinco de distintos países del mundo.

Lo confió él mismo celebrando esta mañana, martes 27 de junio, la misa con unos cincuenta purpurados entre residentes en Roma y los que han llegado para los ritos de la solemnidad de santos Pedro y Pablo. Francisco les invitó con ocasión del 25º aniversario de su ordenación episcopal, que tuvo lugar en Argentina el 27 de junio de 1992, a manos de su predecesor en Buenos Aires, el cardenal Antonio Quarracino.

Una «oración común» la definió en el saludo dirigido a los presentes al finalizar el rito, para pedir «el perdón por mis pecados y la perseverancia en la fe, en la esperanza, en la caridad. Os agradezco mucho por esta compañía fraterna — añadió antes de impartir la bendición final — y pido al Señor que os acompañe en el camino del servicio a la Iglesia». Un servicio que el Papa equiparó en su homilía al «de los abuelos cuyos nietos miran». Abuelos no cerrados en la melancolía de nuestra historia, sino abiertos para dar esto». Y de tal forma los nietos «tomarán de nuestros sueños la fuerza para profetizar y llevar adelante su tarea». Comentando las lecturas el Pontífice exhortó a los cardenales a poner en práctica el triple imperativo dirigido a Dios y Abraham: “Levántate, mira, espera”.

Fuente: L’Osservatore Romano

El silencio y la oración

El primer gesto del Papa en Fátima ha sido una larga oración ante la pequeña estatua de la Virgen a la cual ofreció el antiquísimo regalo de la rosa de oro. En un silencio impresionante, solo roto por el trinar de los pájaros aunque había centenares de miles de personas presentes en la enorme explanada donde durante el último medio siglo acudieron sus tres predecesores. Y precisamente la oración es el objetivo del viaje brevísimo de Bergoglio, que durante el rosario de por la tarde se definió peregrino de la luz, de la paz, de la esperanza.

Un peregrino llegado solo para orar a la «señora vestida de blanco» que hace un siglo manifestó «los designios de la misericordia de Dios», él «como obispo vestido de blanco» llegado para recordar a aquellos que «vestidos de candor bautismal desean vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz» dijo el Pontífice. Y continuó: seremos así «la Iglesia vestida de blanco, de un candor blanqueado con la sangre del Cordero derramada también hoy en las guerras que destruyen el mundo en el que vivimos».

En el marco del viaje esencial de Pablo VI que a Fátima fue para implorar la paz, también la peregrinación de Francisco se coloca en una contemporaneidad contradictoria, evocada por su Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, durante la misa celebrada mientras había anochecido, en la oscuridad punteada por miles de velas: un siglo después de la primera aparición de la Virgen, mientras Europa estaba devastada por la guerra, hoy la paz está consolidada y parece obvia, pero al mismo tiempo para millones de personas está muy lejana, hasta tal punto que con plena razón el Papa habla de una guerra mundial «a pedazos», difundida y alimentada por inconfesables intereses económicos.

Cien años después de los acontecimientos de 1917 el Pontífice ha canonizado a los videntes más jóvenes de Fátima, los dos hermanos Francisco y Jacinta Marto. Y ya el 13 de mayo por la tarde, la segunda «no pudo contenerse y desveló el secreto a su mamá: “hoy he visto a la Virgen”. Ellos habían visto a la Madre del cielo» dijo Bergoglio, notando que solo ellos la habían visto y añadiendo: «María no vino aquí para que la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, siempre y cuando vayamos al cielo». La Virgen efectivamente, «presagiando y advirtiéndonos del riesgo del infierno al cual nos conduce una vida, a menudo propuesta e impuesta, sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino para recordarnos la luz de Dios que habita en nosotros y nos cubre».

He aquí el secreto de Fátima, un mensaje que ciertamente no está contenido en revelaciones sensacionales. «ningún gran misterio es desvelado; el velo del futuro no es rasgado» escribió en el 2000 el cardenal Ratzinger, porque el sentido del mensaje es el de «movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien», después de un siglo marcado por guerras tremendas y por persecuciones a la Iglesia. Sentido recordado por Francisco con las palabras de Pablo VI: «Si queremos ser cristianos, debemos ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús y que nos abre el camino que nos lleva a Él». Siguiendo simplemente el camino indicado por el Evangelio, como hizo María, su primera testigo.

Fuente: L’Osservatore Romano